Los fabricantes de vehículos de China consideraron la posibilidad de establecer una planta en nuestro país, con una inversión de alrededor de 300 millones de dólares, para abastecer la creciente demanda del mercado norteamericano que así como se volcó por los carros coreanos, ahora lo está haciendo por los chinos. Sin embargo, según dijeron los empresarios guatemaltecos que les atendieron, quedamos fuera de entrada, porque debido a la ausencia de relaciones con ese país, los empresarios tuvieron que esperar tres meses para que se les concediera una visa y, por supuesto, prefirieron hacer la inversión en México, país que tiene relaciones con la China, descartando a toda la región centroamericana.
El asunto tiene importancia intrínseca, pero mucho mayor adquiere cuando en la región se abre una ventana de cordura luego de la decisión de Costa Rica de romper sus relaciones con Taiwán para establecerlas con China. Y es que si bien es cierto muchos hablan de Taiwán como un gran amigo de la región y uno de los países que más ayuda han brindado para proyectos de desarrollo, no se puede pasar por alto lo útil que nosotros somos para que Taiwán pueda seguir apareciendo como un país y no simplemente como una provincia segregada de la China. Algo así como que de pronto los de ETA lograran liberar un pedazo de territorio de España y algunos países establecieran relaciones con ellos como si fueran España, simplemente para darles carta de validez en el concierto de naciones.
Imaginemos cuál puede ser la oportunidad nuestra para hacer negocios con el que ya se reconoce como el mayor mercado mundial si no podemos ni siquiera atender con prontitud una simple solicitud de visa por la ausencia de relaciones. No podemos pretender que nuestros productos lleguen a ese mercado en las condiciones actuales y eso debiera obligar a la sensatez.
Pero no puede esperarse que la solución venga de este gobierno que está altamente comprometido con Taiwán, no sólo por la ayuda institucional recibida sino por las mismas razones que el gobierno anterior se mostró tan amigo del régimen de Taipei. Y lo mismo puede decirse de algunos candidatos presidenciales, puesto que la ayuda siempre es útil en la campaña, pero creemos que es momento de mostrar no sólo cordura para la toma de decisiones, sino también decencia, terminando con esa cadena de sobornos descarados para comprar nuestra política exterior. De todos modos a Taiwán ya le servimos y en demasía, por lo que nuestro compromiso con ellos tiene que considerarse saldado.
Cerrar los ojos a esa realidad no sólo es imprudente y torpe, sino que además termina siendo en definitiva una muestra de la corrupción personal e institucional del país.