Hace casi un año el 21 de marzo del 2012 en la mañana, asaltantes a mano armada me robaron mi celular (Iphone) y mi anillo de graduación de la universidad. Yo iba por la Calzada Atanasio Tzul. Tercera vez en 40 días. Muy molesto me dirigí a mi oficina y seguí a los delincuentes por el GPS que tiene el teléfono desde mi computadora. Observé cómo el recorrido de mi celular se detuvo en el Centro Comercial La Quinta, en la zona 7. Decidí al observar que el celular seguía allí, buscar una radio patrulla que siempre hay a la vuelta de mi oficina, ya que allí vive un Ministro para solicitar ayuda e ir a capturar a los delincuentes.
Los policías tienen mala fama, pero estos oficiales no dudaron en asistirme. Me subí a la radio patrulla y llegamos de la zona 10 al Centro Comercial en la zona 7 dentro de un Audi 4. Efectivamente así fue, dentro del carro se encontró toda la indumentaria de motoristas, cascos, capas y hasta identificaciones de mensajeros. Hasta recuperamos mi anillo de graduación de la U. Fueron capturados y los llevamos a consignar a la Torre de Tribunales.
Mi sentimiento fue de misión cumplida. Cumplí mi deber de ciudadano y de padre de familia. He sacado a delincuentes de la calle y al menos la ciudad y mis hijos han de estar un poquito más seguros. Ya solo tenía que declarar.
Pero antes tuve que conducir el carro de los delincuentes de la zona 7 a la estación de Policía en la 20 calle de la zona 10, de allí tuve que ir a la Torre de Tribunales en el Centro Cívico, llegamos, recuerdo como a las 12:10 p.m. Me entero que primero los agentes tienen que ir a una oficina de la PNC para que oficiales diestros en la escritura tomen sus declaraciones que a su vez debían presentarse ante el Ministerio Público. Adicionalmente yo tengo que hacer cola para dar declaraciones al MP, paralelamente muy cerca de mí, los delincuentes que me asaltaron hacen otra cola para ingresar al calabozo. Esto por supuesto en el sótano de la Torre el cual no tiene instalaciones adecuadas, no entra señal de celular, no hay donde comer, los baños, bueno al menos hay, uno solo respira el smog de los carros que entran y salen, etc.
Pasaron horas y les pregunté a los oficiales si esto era normal y me contestaron que por ser miércoles estaba “silencio”. Los fines de semana uno podía ingresar un viernes en la noche y salir el domingo por la madrugada esperando para que le tomen la declaración. Por un momento conté 48 policías haciendo cola por horas. Para mientras se me acercó el abogado de los detenidos para indicarme que desean negociar y compensarme lo que fuera necesario para que yo no declarara. Por supuesto los mandé al carajo.
Debido a que solo existe un fiscal que tome las declaraciones para el municipio de Guatemala, logré dar mi declaración hasta las 8 p.m., salí como a las 8:45 p.m., de la Torre de Tribunales. El sistema vuelve a victimizar a la víctima por segunda vez. A la semana siguiente voy al MP en Gerona para ver cómo iba el caso. Me dan el audio de la audiencia que se dio ese mismo día a las 11:30 p.m., oigo lo que dijo el MP y para mi sorpresa, la juez los deja libres bajo una caución, me sentí victima por tercera vez. Le dije al fiscal que no podía ser, que eso era un atropello. Los maleantes se hacen pasar como trabajadores en la Usac y la juez le da más peso a lo que ellos dicen que a la víctima, la Policía y las evidencias. ¡A pesar de todo esto Guatemala sigue valiendo la pena! Continuará.