Los cancilleres europeos se reúnen el domingo por la noche en Luxemburgo en un cónclave convocado para comenzar a cerrar la renegociación del paralizado proyecto de Constitución de la Unión Europea, a cuatro días de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno del bloque que buscará un acuerdo sobre la cuestión.
La cita fue organizada por la presidencia alemana de la UE y precederá la tradicional reunión de dos días de los ministros de Relaciones Exteriores de los 27 previa a la cumbre de Bruselas.
Para que las delegaciones preparen este cónclave, con formato de cena, la presidencia alemana entregó el jueves pasado a sus socios un informe sobre el estado de las discusiones en relación a la Constitución europea, que fue rechazada por holandeses y franceses en 2005.
Ese texto evita referirse a los temas más polémicos del futuro tratado que la UE debería tener en vigor en 2009, como el aumento de las votaciones por mayoría calificada y el peso atribuido a cada país en el cálculo de los votos, que serán negociados directamente por los jefes de Estado y de gobierno el jueves y viernes en Bruselas.
En cambio, el texto de cinco páginas subraya que está claro que «un cierto número de cambios deberán ser aportados para llegar a un acuerdo» en torno a un nuevo tratado e invita a los ministros de Relaciones Exteriores a discutir algunos de ellos.
Entre los puntos que deben analizarse, la presidencia alemana enumera los símbolos de la UE (bandera, himno), que no serían incluidos en el nuevo tratado; la Carta de Derechos Fundamentales, que los británicos quieren retirar pero otros países defienden enérgicamente, y la política europea de seguridad común, por ejemplo la cuestión de la creación de un ministro de Relaciones Exteriores de la UE.
También menciona el reparto de las competencias entre la UE y los Estados miembros y el papel de los parlamentos nacionales, que Holanda quiere reforzar.
Lo que sí está claro para la presidencia alemana es que no habrá un texto autosuficiente como la Constitución, que incluía todos los acuerdos ya existentes, sino un «tratado reformador», que modificará los dos que sirven de base para la UE hasta hoy: el tratado sobre la Unión Europea de 1992 y el tratado sobre la Comunidad Europea de 1957.
Mientras el primero conservaría su nombre, el segundo sería rebautizado «Tratado sobre el funcionamiento de la Unión», lo que permitiría dotar de una personalidad jurídica única a la UE, por ejemplo para firmar acuerdos internacionales o actuar ante la justicia.
Si con su metódico trabajo, la canciller alemana, Angela Merkel, parece haber convencido a varios de sus socios más escépticos, como Gran Bretaña u Holanda, aún le queda un gran obstáculo: los gemelos Lech y Jaroslaw Kaczynski, presidente y primer ministro de Polonia, respectivamente, dispuestos a vetar toda iniciativa que no considere la exigencia de mayor poder para su país.
En medio de los múltiples contactos que se llevan a cabo en estos días para avanzar hacia un consenso, Merkel tiene previsto recibir el domingo a Jaroslaw Kaczynski antes de entrevistarse en Luxemburgo con el primer ministro del Gran Ducado, Jean Claude Juncker, gran defensor de la Constitución, que hasta el momento ha sido ratificada por 18 países, y decano entre los dirigentes de la UE.
Texto que figura en la invitación a los Cancilleres de la Unión Europea.