Mientras se roben todo, Guatemala no tiene futuro


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Es tan de todos los días que nos cuesta visualizar la realidad de lo que la corrupción representa para nuestro país, pero unos días fuera de Guatemala me han permitido materializar lo que se puede lograr cuando el dinero de los contribuyentes es bien invertido, aún en un país con casos de corrupción, como España, pero nunca en la cantidad y en la manera descarada que se dan en nuestro país porque las instituciones, el ciudadano y la justicia española no están en trapos de cucaracha como nosotros.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


En 2009 el Presupuesto General de la Nación era de Q49 mil millones y en 2013 tenemos un presupuesto de 67 mil millones de quetzales, lo que representa un incremento del 36%. ¿Se ha puesto a pensar usted cómo sería la Guatemala de 2014 y del futuro si de los millones que conforman el presupuesto, al menos el 50% llegara a donde tiene que llegar y se gastara e invirtiera correctamente? ¿Cómo se explican los lectores que a pesar de los abultados y desfinanciados presupuestos, de millones en deuda externa y deuda flotante, somos un país con tremendas carencias en salud, educación, seguridad e infraestructura? ¿A lo largo de nuestra historia, en los bolsillos de quién ha parado ese dinero?

Un exfuncionario de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) decía que en Guatemala no hay obra sin sobra, pero resulta que estaba equivocado porque en Guatemala todo es sobra y nada de obra.

La antigua justificación de los políticos de turno y de los empresarios que han hecho y hacen negocios con el Estado, ya sean éstos los de siempre o emergentes, es que se podía robar «pero no tanto”. Ahora ya ni guardan las apariencias porque conceptos como honor y honra no tienen ningún valor.

Los funcionarios y empresarios, a través de la inversión que se hace en las campañas, pactan tasas de retorno mayores a las que ofrecían los sinvergüenzas cabezones de las entidades financieras que han parado en la quiebra. Abiertamente dicen los financistas, y/o quienes además de ser financistas terminan siendo altos funcionarios, que el secreto es una efectiva repartición de los panes para todos y que desde la campaña se le pone nombre y apellido a los contratos y concesiones para pagar las deudas del financiamiento.

Pretender ahora que por un ataque de moralidad cambie este sistema, es pecar de iluso. La única esperanza para Guatemala es que algún día los picaros que mediante el tráfico de influencias han financiado campañas y con ello se han ganado el derecho de ser los beneficiados con los millones del presupuesto terminen en la cárcel, pero esa es una tarea titánica si se piensa que generalmente quien juega en esas ligas, también invierte para controlar a los operadores de justicia.

Guatemala no tiene futuro por muchas razones, pero a mi juicio, la principal es porque nunca habrá presupuesto que alcance para invertir en el país y en nuestra gente, porque todo se usa solo para satisfacer los intereses de muchos pícaros. En la vida no se puede quedar bien con Dios y con el diablo, pero aquí algunos sirven al diablo con una mano, golpeándose el pecho ante Dios con la otra antes de comulgar con rostro contrito.

Aquí quien hace los negocios, paga los mariachis y por tanto le cantan la canción que le plazca. Este Gobierno es igual de corrupto que los anteriores; ahora les tocan sus cuatro años de fama y su alianza con los miembros del sector «privado» que nunca fallan a la cita, dejando su nombre plasmado en la lista de los que han lucrado con el hambre y necesidad de la gente.

Quedará en su conciencia, pero también en la nuestra porque no hemos luchado, como una sola nación que se levanta y cae junta, por una mejor Guatemala.