Orhan Pamuk: “El libro negro” (II)


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“Encontrarse sólo con los rastros en lugar de con los recuerdos en sí se parece a mirar con lágrimas en los ojos la huella que ha dejado en un sillón vuestra amante después de abandonaros para no volver más.” (O.P.)

René Leiva


Cómo la desaparición de “algo” – – la propia esposa en esta historia – -, así sea bajo toda clase se sospechas vagas, además de desviar la rutina, otorga una nueva dimensión a recuerdos que se ignoraba poseer, que, en la calma y la confianza rutinarias, apenas esbozaban un pasado reciente sin demasiados enigmas ni opacidades. Así comienza el misterio que no tiene comienzo.

De pronto la ausencia es una semilla que fecunda el terreno de la memoria con vegetación nueva aunque no necesariamente grata.

El libro negro, cómo no, está hecho de recuerdos, remembranzas, impresiones, imaginaciones, conjeturas, interpretaciones de indicios, pretendidas certezas, adivinanzas, búsquedas de significados obvios u ocultos, lecturas de huellas y de rostros y de letras en esas caras anónimas.
Protagonismo geográfico, fisicoquímico, político histórico, a veces onírico de la ciudad, Estambul, entre la tradición y la “modernidad”; su gente, calles, edificios, mezquitas, pasadizos, cines, cafés, callejones, puentes…
La búsqueda de Rüya lleva a Galip por caminos trazados que pocos han transitado, por pistas encubiertas en los artículos de Celal (quien también ha desaparecido por voluntad propia), al arcano de la identidad, individual y colectiva a la vez; el yo (los yos) y el otro; el yo en el otro y viceversa. La identidad (cualquiera que fuese y en cualquier parte) dividida, escindida, multiplicada, compartida…

La identidad – -¿idéntica a qué? – – como una construcción asimétrica y desnivelada, hecha con materiales de variado origen e importancia; espejo que refleja el revés o envés de una adivinanza enmascarada.

“…El relato del enamorado que se convierte en otro al perderse por las calles de Estambul.” “La única manera en que alguien puede ser él mismo es siendo otro o perdiéndose en las historias de otro…”
Un libro ¿negro? revelador de que todo ¿todo? está escrito, pero hay que buscarlo y saber leerlo… Y bien mirado, cualquier cosa puede ser el texto que desea ser encontrado y descifrado… Juego y trampa a la vez.