La modernidad se salió de madre. El cauce que llevaba la modernidad se desbordó por completo. ¿Los medios son los responsables de esta situación? En parte, junto a las migraciones, pues ambos han cambiado al mundo. Las mediaciones nos han dado instrumentos para construir la nueva imagen del mundo y explorar nuevas imágenes de uno mismo. La imaginación tiene ahora centralidad. Estas son algunas de las geniales ideas de Arjun Appadauri.
La sociedad actual tiene rupturas basadas en el funcionamiento de los poderosos medios de transmisión de información, interconectados a millones de computadoras en todo el globo terráqueo, mundializando la comunicación instantánea. Vivimos la sociedad de redes, sentenció Castells.
El fenómeno de la migración, señala Appadurai, crea audiencias migrantes, que desterritorializadas permanecen en contacto con sus bases originarias. Son las audiencias sin territorio fijo. El proyecto de un yo social cotidiano se construye hoy, como nunca antes, a través de esa multiplicidad de formas de comunicación presentes y que avanzan a pasos agigantados, en las redes sociales que los jóvenes hacen saltar de perfil en perfil, segundo a segundo, como colibríes electrónicos, viajando por internet…como un hiperrealismo asombroso. Fenómeno del “Aquí y ahora”, comenta este intelectual nacido en Bombay al releer la globalización desde una perspectiva que sigue siendo fresca, pese a haber sido escrita hace más de una década, pues en 2001 fue publicada en español, pero data de 1996.
Debido, en parte a los aportes tecnológicos de la comunicación mundializada, la imaginación es un hecho social y colectivo, considera el Appadurai. Este concepto se ha desenganchado de la labor artística o del mito. Fue entonces cuando pasó a formar parte del trabajo mental cotidiano de la gente común y corriente, pues hoy cualquier persona imagina, antes lo hacían solo los artistitas. Hoy un joven adolescente sube sus videos a Youtube con pretensiones que se conviertan en virales y ponerse en el escenario mundial, como Harlem Sahke.
Appadurai hace, sin embargo la diferenciación que hay entre fantasía e imaginación. Fantasía es del pensamiento separado de los proyectos y los actos, y la gente la asocia con la privado e individual. La imaginación, por otro lado, es como un amplio escenario para la acción colectiva y no solo es apto para el escape. No el concepto fantasioso como idea de algo imposible. Para diferenciar entre el sentido individual y el sentido colectivo de la imaginación, Appadurai señala que los medios de comunicación de masas hacen posible que un grupo empiece a sentir e imaginar cosas en forma conjunta como grupo.
En tanto, la globalización no es un fenómeno que vaya a convertir homogéneo culturalmente a todo el mundo, pues cada sociedad se apropia de los elementos que la modernidad le aporta. Es el caso de los medios electrónicos que dan un nuevo giro al ambiente social en la actualidad y el aspecto cultural está fuertemente imbricado; porque la modernidad y lo global se presentan como dos caras de una misma moneda. Estos medios son los que transforman el discurso cotidiano de los receptores. De acá se toman las principales ideas, como pieza esencial del rompecabezas diario, para construir la identidad y la imagen personal. Y permite que los guiones de vida de la gente se interconecten con las encantadoras y deslumbrantes estrellas de cine, o las tramas fantásticas de las películas.
Recuerdo a un hombre maduro, hace algunos años, que había construido –literalmente hablando– su personalidad imitando la de James Bond, célebre personaje de las películas de acción. Hasta la placa de su automóvil signó 007. Su vida transcurría como si fuera aquel extraordinario espía inglés, versión tropicalizada. Una fantasía ¿desbordada? Zygmount Bauman la llama modernidad líquida: libre de fronteras y controles.