Madrugan unos políticos que aspiran treparse al guayabal


marco-tulio

Va principiando el segundo año del gobierno del PP y ya se encuentran unos madrugadores a lo mariachi haciéndose propaganda con proyección al evento electoral que habrá de efectuarse de aquí a casi tres años, o sea hacia 2015.

Marco Tulio Trejo Paiz


Esos ruidos de la politiquería partidista no dejan de golpear los tímpanos de quienes se hallan en la cima gubernamental, principiando por el Presidente de la República, general Otto Pérez Molina.

Indiscutiblemente, es prematuro estar cacareando como en plena campaña político-electoral. Esa actividad afecta toda la vida nacional. El trabajo del gobierno se entorpece. La llamada iniciativa privada también es afectada de alguna manera. Realmente es inconveniente estar haciendo críticas y más críticas a la gente que está en el candelero oficial y alabando la mercancía de los políticos que se hallan abajo del gallinero.

Cuando haya convocatoria a las próximas elecciones generales o un poquitín antes, pues… será explicable que canten los gallos y los gallos-gallinas… Al fin y al cabo estamos en un país en el que la política o politiquería es lo que más promete para lograr un rápido enriquecimiento, sobre todo mediante la corruptela.

La Presidencia y la Vicepresidencia de la República, los ministerios de Estado, las diputaciones al Congreso, entre otras mamandurrias, son las más apetecidas por los caminantes en los terrenos de la política de los diversos grupos que ya conocemos.

Y, a propósito de esos grupos, diremos lo que en alguna otra ocasión hemos dicho en cuanto a que es un gran racimo poco o nada provechoso para el país. Dos, no más, son los partidos que merecen, relativamente, ser exceptuados del montón. Podríamos mencionarlos, pero preferimos optar por no hacerlo.

En efecto, bastan dos sectas político-ideológicas para que pretendan subirse al palo ensebado. En los Estados Unidos y en algunas otras partes del planeta se lanzan al ruedo disputándose las altas posiciones burocráticas sólo dos organizaciones políticas de peso pesado. Los partiduchos, o sean los liliputienses, llegan al final o se retiran en plena campaña para no hacer un papel desteñido, ridículo. En cambio aquí, en esta Guatemala de la eterrna… jocoteadera, los partiditos bien partidos siempre siguen de frente exponiéndose al hazmerreír, a sabiendas de que les tirarán migajas al despanzurrar la piñata… Los líderes más abusados pueden pescar algunas embajadas, algún consultado o cualquier otra sinecura.

Se cree que la politiquería del partidismo es, en nuestro patio, algo así como una “industria” que produce muchas ganancias propicias para convertir a cualquiera que transita en los andurriales de la politiquería, en un millonario más, por lo que esa gente puede mandar al diablo un ejercicio profesional, una empresa industrial o comercial, y eso lo hemos visto en varias épocas. De esa guisa, el rico se vuelve más rico y satisface su vanidad más grande que el volcán Tacaná…

Y por los juegos de la politiquería, los labriegos abandonan los campos y emigran hacia la capital. Muchos son, a la vez, los laborantes urbanos que dejan el quehacer habitual para abultar más la burocracia. Y es que la “buro” es más promisoria que cualquier chance privado.

Si se produjese un cambio saludable en el supremo mando, nuestro país, en vez de estancarse o de retroceder, estaría en condiciones de avanzar en el largo camino del trabajo positivo que se necesita para crecer, para brindar las bondades del sistema democrático.

Mientras tanto, digamos a los madrugadores que guarden sus guitarras y dejemos que corra la bola en la altura y, en la llanura; mantengámonos ilapsos; es decir, en actitud expectante, viendo el escenario nacional desde la galería.

Y… ¡hasta luego!, señores madrugadores. ¡Esperen sentados la distante oportunidad!