En las regiones menos viajadas de la costa del Pacífico de Guatemala, hay un trecho de playa de arena negra volcánica conocida como Monterrico. Si está buscando entretenimiento y excitación, éste no es el lugar para usted.
Pero si busca algunos días tranquilos en paz y quietud, recostándose en hamacas con la brisa fresca de la costa acariciándole la piel, entonces no pudo encontrar mejor lugar que Monterrico. Mochileros, buscadores de conchas y caracoles, y surfistas despabilados han venido de otros partes del globo a este pedacito escondido de paraíso.
La belleza de Monterrico comienza aún antes de que llegue a este lugar, ya que el viaje a la ciudad es tan hermoso como los lugares que verá al llegar.
Empezará cuando usted arribe a La Avellana. Desde allí irá en bote atravesando manglares, dejando atrás el ajetreo y bullicio de la civilización y se sumergirá en la asombrosa belleza de la naturaleza y tranquilidad. Y encontrará que, una vez que haya llegado a Monterrico, mucho del ajetreo y el bullicio están aún muy lejos.
La gente y la atmósfera de la ciudad son de vida auténtica. No se finge mucho aquí. Hay sólo unos pocos hoteles cómodos de playa, un par de escuelas de español y una multitud reducida de entusiastas como gente bronceándose, nadadores y surfistas.
Por supuesto, tenga en cuenta que las aguas del Pacífico pueden ser duras y peligrosas. La resaca es increíblemente poderosa, y las olas rompen con bastante fuerza. Aventurarse al mar es sólo recomendado para nadadores muy fuertes y puede ser desastroso para visitantes jóvenes e inexpertos.