El célebre periodista, pedagogo y expresidente de Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, dijo una vez que cuando estaba frente a un niño tenía dos sentimientos: uno de profundo cariño por lo que es, y otro de enorme respeto por lo que puede llegar a ser.
Esta reflexión debería ser el eje conductor del comportamiento humano. Desafortunadamente, en lugares como Guatemala en donde impera la violencia desenfrenada, tal pensamiento ha quedado en el olvido.
Yo estoy convencido que los niños no nacen malos. Son los adultos los que los vuelven malos, al grado que ahora están siendo utilizados como sicarios para matar a las personas.
Los niños son la expresión más pura de la inocencia. Por eso no es aventurado afirmar que constituyen un tesoro, pero obviamente son vulnerables a todos los peligros e influencias de las sociedades que viven desquiciadas por muchos factores, entre ellos, la desintegración familiar, la falta de educación, la carencia de afecto y sin temor a Dios.
La pobreza producto de un sistema económico de opresión como el neoliberal, también es un elemento importante porque el sicariato les representa un ingreso para sus familias.
El caso de la nenita de tres años Jennifer Alejandra Vásquez Alquijay, que en agosto pasado murió a causa de una golpiza que le propinó su propia madre, debido a que se había comido cuatro tacos y un tamal que eran de la amante de la señora, (otra mujer), ha conmovido las fibras más sensibles del pueblo.
Los análisis realizados por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses, Inacif, revelan que este angelito recibió más de 80 golpes y que además presentaba mordeduras en el abdomen y la espalda. Todo indica que tuvo una agonía muy dolorosa por alrededor de 30 minutos.
El caso es verdaderamente conmovedor, pues el papá, el señor Edy Vásquez, que estaba separado de la madre, había denunciado ante las autoridades competentes el maltrato que sufría su hijita, pues ella misma se había quejado con él. Pidió ante los Tribunales de Justicia la custodia de la criatura, pero se la negaron por esa política equivocada que hay en los juzgados de familia de favorecer casi siempre a las mujeres.
Los funcionarios de la Procuraduría General de la Nación también tienen el pecado que no atendieron sus quejas, pues él acudió a esa dependencia para denunciar el maltrato de que era víctima la nenita. Sencillamente no le hicieron caso.
Este drama ha actualizado el debate sobre la falta de protección a la niñez en Guatemala y las graves fallas que prevalecen en los tribunales de familia, al inclinarse prioritariamente a favor de la pareja mujer, muchas veces atropellando el derecho de defensa, en este caso, de la niñita representada por su padre.