El sábado a medianoche, el ex presidente francés Jacques Chirac perderá su inmunidad y volverá a ser un ciudadano que intenta acostumbrarse a una existencia normal que se verá salpicada de varias citas con la justicia para explicarse sobre asuntos turbios en los que su nombre fue mencionado.
La misteriosa muerte de un juez francés en Yibuti, un escándalo de difamación que salpicó a la clase política francesa, el caso de los falsos empleos en el Ayuntamiento de París o los salarios ficticios en su partido RPR (hoy convertido en UMP) son asuntos judiciales en los que las explicaciones del ex mandatario podrían ser necesarias.
Invisible desde que cedió el poder el 16 de mayo a su sucesor, Nicolas Sarkozy, Chirac, de 74 años, acaba de regresar de unas vacaciones en Marruecos y se ha instalado junto a su esposa, Bernadette, en un apartamento frente al Sena.
Además, el ex presidente está habilitando una oficina que le prestaron en el mismo barrio y acudirá periódicamente a las reuniones del Consejo Constitucional del que es miembro.
Por otra parte, Chirac, junto al ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Michel Camdessus, prevé crear una fundación para el diálogo de culturas y desarrollo sostenible, o incluso escribir un libro.
Pese a esta agenda, quienes le conocen bien saben que Chirac tendrá problemas en disfrutar de su nueva vida y resignarse a su muerte política. Según sus amigos, lo más difícil será encontrarse solo, con muchos compañeros de batalla convertidos en cercanos colaboradores de Sarkozy, con quien no tuvo relaciones fáciles en los últimos tiempos.
Desde el lunes y según el semanario satírico Le Canard Enchainé, Chirac deberá interrumpir esta apacible jubilación para prestar declaración como testigo en un antiguo escándalo que salió a la luz el año pasado e implicó a numerosas personalidades públicas francesas.
En 2004, un informante anónimo envió a un juez unas listas, que resultaron ser falsas, en las que acusaba a políticos y empresarios de tener cuentas secretas gracias a comisiones ilegales.
Entre otros se nombraba a Sarkozy, quien está convencido de que alguien quiso perjudicarle políticamente.
La justicia encontró en los cuadernos de notas de un ex agente secreto francés anotaciones que podrían implicar a Chirac, quien podría haber estado al tanto de la existencia de estas listas falsas o habría mandado investigar a Sarkozy de forma irregular.
Sus allegados y su abogado, Jean Veil, desmintieron que el ex presidente haya sido convocado por la justicia el próximo lunes.
Por otra parte, los representantes legales de la viuda del juez francés Bernard Borrel, muerto en extrañas circunstancias en 1995 en Yibuti, acusaron a Chirac de haber participado en este asunto con la intención de proteger a las autoridades del país africano y preservar los intereses financieros de Francia en aquel Estado.
Por otra parte, el asunto más espinoso al que Chirac podría enfrentarse será sin duda el de los puestos de trabajo falsos en el partido RPR, pagados por el Ayuntamiento de París, ciudad de la que Chirac fue alcalde de 1977 a 1995.
Por este asunto, el ex brazo derecho de Chirac, Alain Juppé, ya fue condenado en 2004 a 14 meses de cárcel con posibilidad de fianza y a un año sin posibilidad de ejercer cargos públicos.
«Chirac es un ciudadano como los demás pero esto no justifica que se le quiera hacer daño. Hay muchos rumores pero todo esto es poco digno», opinó Xavier Darcos, ministro de Educación francés, pidiendo que se deje a Chirac «continuar serenamente su carrera».
El primer ministro, Franí§ois Fillon, fue menos diplomático y subrayó que a partir de ahora, Chirac es un hombre que puede ser «condenable» como los demás.
Xavier Darcos, ministro de Educación francés.