Rincón LITERARIO



UN BESO DE DESPEDIDA

De pronto abrí­ los ojos, retomando la conciencia perdida las horas anteriores, y vi mis manos llenas de sangre, rodeando el cuchillo con el que solí­a amenazar a Luis cuando discutí­amos.

¿Yo los habí­a matado? ¿Por qué lo habí­a hecho?

Quizás por que tenia la oportunidad de hacerlo, entonces, levante la mirada y lo vi entre las sabanas sucias, se veí­a tan bello como cuando duerme, no pude evitar sentir ternura, luego la vi a ella con sus ojos muy abiertos, esa expresión de susto no logro restarle belleza, de hecho me pareció simpática, quizá por que muerta ya no representaba ningún peligro para mi.

Yo ya sabia de las infidelidades de Luis, y él sabia que yo sabia, siempre le resulto fácil hacerse el desentendido muy bien, y yo siempre pensé que ojos que no ven corazón que no siente, así­ que dejaba toda investigación inconclusa, le temí­a ala verdad ¿tal vez?

Es curioso, siempre pensé que el dí­a que llegara a verlo muerto, me sentirí­a morir, pero no, será que a el se lo di todo ya, todo mi amor, todas mis alegrí­as, y también todas mis tristezas, se que no voy a llorar, por que yo a Luis ya le he llorado y mucho.

Jamás me hubiera imaginado capaz de semejante carnicerí­a, siempre fui tan miedosa, tan ingenua, tan conforme con lo que el querí­a darme: verdades a medias, mentiras piadosas y un amor roto.

Creo que por eso en el momento que estuve de tras de esa puerta, imaginando lo que sucedí­a dentro, se me juntaron de pronto todos los malos pensamientos, la ira acumulada y sobre todo el sentimiento de venganza.

Corrí­ ala cocina, irónicamente me tope con ese cuchillo, con el que advertí­a » si me pones el cuerno te mato», entre despacio al cuarto y lo enterré en su espalda, sentí­ como se habrí­a camino entre la piel y quizá algún órgano vital, entonces me percate de ella, el terror que mostraba no fue mas que un especie de placer para mi, saque el cuchillo de su empuñadura, ella quiso escapar, pero la tome del brazo y la abrace fuerte, de un movimiento certero corte de lado a lado su pequeño cuello, el sonido de la sangre obstruyendo la garganta aun suena como música en mi cabeza.

Al soltar su cuerpo cayo sobe de el, sentí­ celos, lo confieso, así­ que la hice a un lado para darle un beso de despedida a Luis.