A cuatro días de la segunda ronda de las legislativas, la derecha francesa del presidente Nicolas Sarkozy ya saborea su victoria, que le dará una mayoría absoluta de diputados, mientras los socialistas dudan de su estrategia y desautorizaron públicamente a su líder más popular: Ségolí¨ne Royal.
La Unión por un Movimiento Popular (UMP), formación de Sarkozy, obtendría el domingo hasta 500 escaños de un total de 577, mientras el Partido Socialista (PS) corre el riesgo de perder parte de sus 149 diputados de la Cámara saliente.
Pasada la resaca de la primera vuelta, el pasado domingo, los candidatos pisan el acelerador para la ronda final del día 17 de junio.
«Sarkozy intenta dejarlos KO», resume el diario de izquierda Liberation, considerando que el jefe de Estado está «paralizando» a la oposición para gobernar con las manos libres hasta 2012.
El presidente y su primer ministro, Franí§ois Fillon, intentan «calmar todos los miedos» que podría generar entre los ciudadanos la previsible concentración de poderes en manos de un mismo partido y prometieron un gobierno más abierto y plural.
Esto podría significar que el número de personalidades de centro y izquierda presentes en el ejecutivo, como por ejemplo el ministro de izquierdas Bernard Kouchner, titular de Exteriores, podría ampliarse.
Frente a esta derecha casi omnipotente, eufórica y muy popular, los socialistas sufren para encontrar una estrategia acertada y para convencer a sus adeptos de que no todo está perdido y hay que ir a votar el domingo.
Royal, que llamó esta semana por teléfono al líder centrista Franí§ois Bayrou para intentar un acercamiento de cara a la segunda vuelta, fue abandonada unánimemente por la dirección socialista.
Los pesos pesados del PS desean limitar sus relaciones con el Movimiento Demócrata, formación de Bayrou y el propio líder centrista, que podría conseguir hasta cuatro diputados, tampoco desea que le asocien con los socialistas para no crear «ambigí¼edad».
Tras una reunión de la cúpula del PS, el ex primer ministro Pierre Mauroy recordó que la estrategia del partido depende «únicamente del primer secretario y de nadie más». A buen entendedor…
Por su parte, el ex ministro socialista Dominique Strauss-Kahn manifestó que «no era favorable a un matrimonio o alianza de partidos» y aseguró que la iniciativa de Royal, «la comprometía sólo a ella».
«No se pueden hacer las cosas así. Hay que respetar las reglas», corroboró Laurent Fabius, otro ex ministro socialista.
La humillación definitiva para Royal vino de mano del primer secretario del partido, Franí§ois Hollande, su compañero y padre de sus cuatro hijos.
«Yo ya sabía que no había que abrir una negociación con Bayrou porque el propio Bayrou tiene una estrategia de no aliarse con nadie», declaró el miércoles.
La cacofonía entre los líderes del PS es flagrante desde la derrota de Royal frente a Sarkozy en las presidenciales de mayo. No obstante, la crisis interna provocada por una necesidad urgente de renovación viene de mucho más atrás pese a que se apaciguó debido a los desafíos electorales de este año.
«No malgastemos nuestra energía (…) La prioridad es que haya diputados de izquierda elegidos el domingo», recordó el presidente del actual grupo socialista en la Asamblea Nacional, Jean Marc Ayrault.
Para los afiliados socialistas, Royal es la persona adecuada para llevar a cabo esta inaplazable renovación interna pero sus compañeros de partido no están dispuestos a ponerle la tarea fácil.
Acostumbrada a luchar en solitario, Royal restó importancia a este abandono en masa de sus compañeros de filas, una actitud que consideró «desproporcionada» y comparó a «una tempestad en un vaso de agua».
La ex candidata presidencial subrayó su deseo de que la vida política «se modernice» y se pueda llamar por teléfono a personalidades públicas «con las cuales se pueda construir nuevas convergencias» en un futuro.
«Hay que acabar con esta cizaña porque no ayuda en nada a nuestros candidatos», pidió.
Segolene Royal, ex candidata a la presidencia por el partido socialista de Francia.