La semana pasada abordé el tema del problema del enanismo en nuestro futbol a partir de unas desafortunadas declaraciones de Ever Hugo Almeida, el entrenador paraguayo que llenó de dólares sus alforjas, engañando incautos deseosos de que la Selección mayor llegue algún día a un Mundial.
Ahora bien, la presencia de la hormona que inhibe el crecimiento es de mayores dimensiones: la semana pasada se organizó por parte de entes tecnocrático-económicos un magno seminario en asociación con entes afines al Banco Mundial en donde también la preocupación central consistió en ¿cómo crecer?
Y como si fuera poco, mi colega de la Pontificia Universidad de Salamanca, Dionisio Gutiérrez se presenta de nuevo en sociedad, ahora con un renovado programa televisivo, que a partir del pasado domingo, se transmitirá a las ocho de la noche en un tradicional y conocido canal televisivo.
Tanto en el tema futbolístico, como en el programa de Dionisio, la preocupación vuelve a ser el hecho de que algunos países mesoamericanos que venían en rezago histórico, han apretado la marcha, y parecieran ir con un paso más firme al logro de resultados económicos y sociales más satisfactorios. ¿Pero entonces por qué sufrimos de enanismo?: para muestra un botón.
Luego del descanso dominical, los titulares de los tres diarios matutinos más importantes nos muestran la presencia de una patología que inhibe cualquier proceso de desarrollo normal de un país: El titular de Prensa Libre dice así: “Defectos en obras confiadas a 18 ONG”. Mientras tanto, elPeriódico afirma: “Covial pudo haber ahorrado Q.29 millones en 2012” y, finalmente, Siglo.21 subraya el tema “Pérdidas millonarias por el programa de los fertilizantes”.
¿Qué tienen en común estas tres oportunas indagaciones periodísticas?, sencillamente, el drenaje de los recursos públicos que surgen como parte de un tremendo sacrificio del contribuyente guatemalteco. En el tema de los fertilizantes, se afirma que, según un estudio elaborado por agrónomos de prestigio, con apoyo del BID: “el insumo sólo llegó al 40 por ciento de los productores que en realidad lo necesitaban”.
En el caso de Covial, la publicación muestra que, de acuerdo con datos referidos por la propia Cámara de la Construcción, se adjudicaron precios estimados hasta 40 por ciento más altos, y si tuviéramos un buen ordenamiento de la competencia de mercados y de protección al consumidor, seguro que tal cifra sería más alta.
Finalmente, Prensa Libre muestra que a pesar de las regulaciones y los escándalos pasados, las ONG ejecutoras de obra pública no sólo siguen activas, sino siguen también prestando servicios de pésima calidad en el interior del país. Y si uno observa la composición de tales entes ejecutores, uno se da cuenta que están compuestas por toda la diversidad de grupos de interés: desde órganos adscritos a las cámaras empresariales, hasta asociaciones que se presentan como de origen maya, pasando por los cuerpos de bomberos que se mantienen en el Congreso de la República, pidiendo pisto a diestra y siniestra.
Buena parte de la inversión privada guatemalteca está orientada al consumismo y al cortoplacismo. El denominado “subsector eléctrico ha sido una muestra de ello con la proliferación de la generación térmica. Mientras tanto, en el lado público, lo parásitos de toda la vida, inhiben la innovación y chupan los recursos del desarrollo, para engordar, como Almeida, sus bolsillos propios.