Malos líderes empañan al movimiento sindical


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Ser sindicalista en Guatemala es sinónimo de riesgo y vulnerabilidad. Según organizaciones de derechos humanos, en los dos últimos años seis sindicalistas fueron asesinados por su labor, aunque los sindicatos manejan cifras mucho más altas; por otro lado, el sector trabajador organizado es señalado con frecuencia de incurrir en malas prácticas vinculadas con la mafia y la corrupción, a lo que los líderes responden que se trata de malos dirigentes y no del movimiento.

POR REGINA PÉREZ
rperez@lahora.com.gt

Mayro Rodolfo Juárez, secretario general de la Gremial de Taxistas de Izabal, fue asesinado a balazos el pasado 2 de enero en el municipio de Puerto Barrios mientras conducía su taxi; la gremial de la que era dirigente se encontraba luchando contra las altas tasas impuestas a los taxistas por el actual Alcalde de la localidad, según informó el Movimiento Sindical y Popular Autónomo Guatemalteco. 

La Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en Guatemala (Udefegua), una organización que da protección y monitorea ataques contra activistas, ha registrado seis asesinatos de sindicalistas en 2011 y 2012, que estaban relacionados directamente con su labor sindical, según Carlos Fernández, subcoordinador de la entidad.

Líderes y activistas por los derechos laborales manejan cifras mucho más altas. José Pinzón, presidente de la Confederación Central General de Trabajadores de Guatemala (CGTG), que cuenta con unos 60 mil afiliados, asegura que de 2007 a la fecha han sido asesinados no menos de 60 dirigentes sindicales de todo el movimiento sindical del país.

La Confederación Sindical Internacional (CSI), la central sindical más grande del mundo, señala que en 2011 fueron asesinados diez sindicalistas en Guatemala, lo que lo hace uno de los países más peligrosos para ejercer el sindicalismo en el continente, solo después de Colombia.

Por otro lado, la población mira con desconfianza el actuar del sector sindicalista y lo acusa de prácticas como corrupción, mafia y la búsqueda de intereses personales antes que los colectivos. Líderes sindicales consultados consideran que existen dentro del sector sindical malos dirigentes que empañan el trabajo del movimiento y que es necesario realizar una autocrítica para superar estos problemas.

ENEMIGOS DEL SISTEMA
Tras la contrarrevolución de 1954, el movimiento sindicalista fue perseguido y se trató de destruirlo; en la década del 60 entró en un proceso de unidad de acción y se conformó un mecanismo unitario, que fue el Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS), que aglutinaba al movimiento sindical más representativo de la época.

Según Pinzón, la dirigencia de la Central Nacional de Trabajadores de Guatemala (CNT) siempre tuvo una vocación unitaria “porque hemos estado convencidos desde siempre que solo la unidad puede coadyuvar a crear un poder social organizado”. Pero no siempre los dirigentes sindicales han tenido ni tienen esa visión, señala el dirigente, que considera que la crisis ética y moral de todos los sectores y dentro de ellos el movimiento sindical no es de ahora. “Y de esto no se salvan ni las iglesias, con todo respeto”, añade.

En el CNUS había dirigentes sindicales que se incorporaron a la guerrilla; también había una lucha interna de carácter ideológico, pues “cada quien quería llevar agua a su molino”, según Pinzón, quien señala que en medio de la corriente pro-Estados Unidos y la pro-Unión Soviética de aquel entonces la CNT era un movimiento de inspiración humanista y con características latinoamericanistas y caribeñas.

“Naturalmente había dirigencia que quería que nos alineáramos a otras corrientes, hasta ahí era la lucha interna pero nos permitía tolerarnos y avanzar, había objetivos comunes sobre temas generales como ahora, que es la libertad sindical”, expone.

“Entonces llegan los 80s cuando la doctrina de la seguridad nacional se impone, nos consideraban enemigos del sistema, había que liquidarnos y lo hicieron”, señala Pinzón.

El sindicalista recuerda particularmente cuando 27 líderes sindicales de la CNT fueron secuestrados el 21 de junio de 1980 de la sede de esa organización ubicada entonces en la zona 1. También fueron objeto de desaparición forzada 18 sindicalistas en el centro de formación Emaús, en Escuintla, el 24 de agosto de ese año; nunca aparecieron, indica. Ahí culminó una etapa del sindicalismo que inició en la década de los 60. 

“TE PAGO O TE PEGO”
Para Pinzón, dos son las causas que han contribuido a la violencia, la corrupción y el involucramiento con la mafia que afectan al movimiento sindical. “Siempre ha existido la persecución, pero también siempre ha habido traidores dentro del movimiento sindical”, dice. “Yo creo que es producto de la aplicación desde 1955 hasta 2013 de la política del “te pago o te pego””, señala el dirigente.

Según el entrevistado, cada régimen ha tratado, por su medio, de captar y cooptar a dirigentes sindicales ofreciéndoles prebendas y muchos dirigentes han caído en la política del “te pago”.

A los sindicalistas que no se plegaron a la corrupción  les aplicaron la política del “te pego”, que consiste en la difamación, la persecución, la represión y la eliminación física. “Si preguntamos cuántos trabajadores están en la cárcel, no hay nadie. Los mataron”, indica el dirigente.

Para Pinzón en el movimiento sindical siempre ha habido “lo bueno, lo malo y lo feo”, se practica lo malo y lo feo, se le hace juego a los poderes fácticos sean estos privados o gubernamentales; sin embargo, no considera que la corrupción y la mafia sean propiedad del movimiento sindical.

Según el dirigente la política del “te pago” ha servido para liquidar el movimiento sindical autónomo, que tiene como consecuencia que cada quien ha buscado tener sus propias cuotas de poder e intereses, sin embargo, no se le puede achacar eso al movimiento en sí, sino a los dirigentes.

Los horrores y errores que los dirigentes cometemos son utilizados por el sector público y privado para decir “los dirigentes sindicales son unos mafiosos, son corruptos” y dicen, “los sindicatos, no nombran a un dirigente en particular”, señala; hay una generalización perversa y con objetivo muy claro, para que el movimiento no crezca hay que buscar alternativas para eliminarlo.

Según Pinzón, a muchos trabajadores se les organiza pero no se les da formación; muchos al estar organizados sindicalmente creen tener el poder en sus manos y hacen y deshacen dentro de la organización convirtiéndose en líderes negativos al servicio de la política del “te pago”.

NO ES TODO EL MOVIMIENTO
Efrén Sandoval, del Movimiento Sindical Indígena y Campesino Guatemalteco (MSICG), que cuenta con unos 350 mil afiliados en todo el país, señaló que dentro del movimiento hay ciertos sectores sindicales que han desnaturalizado la lucha sindical.

“Los sindicatos no luchamos ni por privilegios ni dádivas, ni para crear cúpulas en la dirigencia que gocen de mayores privilegios que el resto de trabajadores. Se lucha por mejorar las condiciones económicas y sociales, pero ese patrón no es seguido por todas las organizaciones y dirigentes; es una realidad de la que se tiene que hablar”, señala Sandoval.

“Nosotros lo hemos dicho. Es parte de los procesos de cambio, es un problema que tiene el sindicalismo y lo tiene que superar, en eso estamos trabajando”, indicó.
 
Sandoval coincide con Pinzón en que comúnmente no se señala a los dirigentes que incurren en las malas prácticas sino al sindicalismo como sector; si hay un mal sindicalista no dicen: “fulanito de tal es un mal dirigente”, sino dicen “los sindicatos”. “Es un tema que nos preocupa”, expone.

NECESIDAD DE AUTOCRÍTICA
Luis Lara, del Frente Nacional de Lucha (FNL), señala que califica los criterios adversos al movimiento sindical como “producto de una campaña sistemática que han tenido las clases poderosas en contra del movimiento sindical”. “Con esto se evidencia que todavía vivimos en una sociedad que no ha alcanzado muchos niveles de democracia y ese es el pensamiento antidemocrático que no acepta que los trabajadores se organicen y puedan defender sus intereses colectivos y personales”, afirmó.

A decir de Lara, cualquier movimiento social, económico o político necesita ser profundamente autocrítico y reconocer sus errores; “en el caso del movimiento debemos reconocer nuestros errores porque quienes lo hacemos somos personas, pero eso lo tienen todas las instituciones y el sindicato es una institución de derecho público”, indicó.

El dirigente admitió que existe corrupción en los sindicatos: “Estamos teniendo un cáncer que es la corrupción, yo creo que en los sindicatos hay un nivel de corrupción que debe controlarse y sacarse”, dijo.

Según Lara, en el país hay problemas similares, pues “está invadido de desviaciones” tanto en partidos políticos, en los mismos medios de comunicación, los mismos sindicatos, las asociaciones e incluso hasta las iglesias.

Carlos Mancilla, secretario general de la Confederación de Unidad Sindical de Guatemala (CUSG), adscrita a la CSI considera que la mala imagen que se le ha generado al movimiento sindical es parte del trabajo que se encarga de hacer el sector empresarial y el gobierno para crear esa imagen “porque a ninguno le conviene que los trabajadores luchen por reivindicación de derechos”.

Sobre las críticas, Mancilla reconoce “no podemos negarlo, porque nosotros mismos hemos denunciado acciones de dirigentes que se han plegado a los gobiernos que de alguna manera le hacen daño al movimiento sindical”.

Mancilla señala que la CUSG es una organización de carácter autónomo que le permite denunciar actitudes y malas prácticas que ejecutan tanto el gobierno como los empresarios; “mientras que aquellos que  hacen alianzas con el gobierno sabiendo que no van a cumplir ninguno de sus compromisos se alinean a los intereses y posteriormente tienen las manos atadas para denunciar los abusos en su momento”, señaló.

“Hay que dejarlo claro, las organizaciones no son las malas, los malos son los dirigentes que no hacen acciones pensando en el bien colectivo sino en sus intereses particulares”, anotó.

SIN LIBERTAD SINDICAL
De acuerdo con los líderes actualmente en Guatemala no existe libertad sindical. Solamente el 2 por ciento de la población trabajadora pertenece a un sindicato, un número mucho menor que en la época de los gobiernos militares cuando rondaba casi el 9 por ciento. Pinzón señala que en el país se asesina de dos maneras al sindicalismo.

“Hay doble asesinato, se asesina al sindicato y se asesina al dirigente sindical”, expone Pinzón. “¿Cómo se asesina a un sindicato? Por la corrupción y el antisindicalismo del sector empresarial”, indica.

“Nosotros decimos que no hay libertad sindical porque aprobar el reconocimiento legal de nuevos sindicatos no significa eso; Guatemala es uno de los países más violadores de los convenios internacionales de la Organización Internacional de Trabajo y desde hace quince años ha sido citada todos los años por violar esos convenios, el 87, referente a la libertad sindical y el 98 sobre la negociación colectiva”, refiere.

Pinzón concluye señalando que pese a los problemas y la calidad ética y moral de muchos malos dirigentes sigue creyendo y apostando por el movimiento sindical para la construcción de una sociedad guatemalteca nueva y renovada “porque sí creo que el sector sindical tiene todas las aristas que nos pueden llevar a eso”.

CONTRA SINDICALISTAS
IMPUNIDAD EN CRÍMENES

Los líderes consultados consideran que existe una impunidad de casi el 100 por ciento en los crímenes cometidos contra sindicalistas en los últimos años.

Fernández, subcoordinador de Udefegua, considera que la Unidad de Delitos contra Periodistas y Sindicalistas ha realizado un trabajo aceptable en el esclarecimiento de los crímenes y que las falencias que sindicalistas observan es de todo el sistema de justicia y no solo de la Fiscalía, que es únicamente un engranaje.

“Los sindicatos no luchamos ni por privilegios ni dádivas, ni para crear cúpulas en la dirigencia que gocen de mayores privilegios que el resto de trabajadores. Se lucha por mejorar las condiciones económicas y sociales, pero ese patrón no es seguido por todas las organizaciones y dirigentes; es una realidad de la que se tiene que hablar”.
Efrén Sandoval
Movimiento Sindical Indígena y Campesino Guatemalteco

“Entonces llegan los 80s cuando la doctrina de la seguridad nacional se impone, nos consideraban enemigos del sistema, había que liquidarnos y lo hicieron”.
José Pinzón
Confederación Central General de Trabajadores de Guatemala

“… se evidencia que todavía vivimos en una sociedad que no ha alcanzado muchos niveles de democracia y ese es el pensamiento antidemocrático que no acepta que los trabajadores se organicen y puedan defender sus intereses colectivos y personales”
Luis Lara
FNL