El doble reto


Miguel-Saquimux-2012

México ostenta el primer lugar en lo que respecta a obesidad infantil, y el segundo en obesidad de adultos, solo superado por los Estados Unidos. Según los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), de ese país, uno de cada tres personas comprendidas entre 12 y 19 años presenta sobrepeso u obesidad; y en los adultos existe una prevalencia del 70%, que tiene como causa principal los malos hábitos en la alimentación.

Miguel Saquimux Contreras


El contraste de esta situación es que México posee grandes rezagos en cuanto a desnutrición crónica infantil. Este mal afecta al 7% de los niños que viven en el área urbana, comprendidos en las edades de 5 a 14 años. Los infantes que habitan el área rural representan aproximadamente el 15%. A esto se le debe sumar que la localización geográfica de personas con obesidad se encuentra, en su mayoría, en la región del norte de México; en cambio, los Estados del sur poseen los índices más elevados de desnutrición crónica, y presentan mayor prevalencia en las comunidades indígenas.

    Guatemala no escapa a esta realidad, y está claro que el país representa un similar comportamiento en lo que respecta a las desigualdades existentes, entre los que viven en el área rural y quienes habitan el área urbana. Para respaldar esta afirmación es necesario recordar que, por lo menos, el 55% de los niños del área rural de Guatemala, menores de 5 años, padecen desnutrición en forma crónica. En comparación, los niños del área urbana poseen mejores oportunidades de alimentación, pero esto no se aprovecha, derivado del ritmo de vida que poseen las familias que habitan el área metropolitana del país.

    Existen dos retos para el país: el primero, asociado a que se eleve el consumo de alimentos en el área rural; el segundo, que se mejoren los hábitos de las personas que, padeciendo deficiencias alimenticias, residen, por lo regular, en los grandes centros urbanos. Al no solucionar estas dos problemáticas, es innegable que pueden originar grandes limitaciones productivas para el país. Esto se evidencia en el daño irreversible que causa la desnutrición crónica en el cerebro de los niños.

    Considero que la desnutrición crónica, que padecen los niños guatemaltecos, se relaciona mucho con los bajos niveles de productividad de las familias campesinas. Estos modestos rendimientos tienen múltiples causas, donde las históricas y estructurales son de mayor importancia, y se manifiestan en los constantes conflictos sociales, derivado de la profunda crisis de las comunidades rurales. Por su parte, en los centros urbanos del país, la creciente población obesa está determinada por las comodidades del modernismo, pobres hábitos de alimentación, difícil acceso a espacios adecuados para poseer un acondicionamiento físico constante, entre otras razones.

    Sin embargo, la propuesta de soluciones será el objetivo. Por lo mismo sostengo que, en el caso del área rural, debe mejorarse el rendimiento de los cultivos, con asistencia al productor.  Esto debe iniciarse desde el acceso a las tierras para los campesinos -de vocación agrícola- hasta llegar a la fase de comercialización de los productos; además de encadenar correctamente la posterior reinversión y propiciar la asociación campesinas, todo con la finalidad de consolidar una profunda transformación.
   
    En el caso del área urbana, no considero conveniente aplicar un gravamen a la comida que se le denomina “chatarra”, puesto que el consumo de la misma, es decisión del individuo. La educación en el tema, determinará la elevación de los estándares de alimentación, conjuntamente la persona deberá gozar de un grado de concientización acerca del problema. De no llegarse a estas soluciones, simplemente los costos serán transferidos año con año a los contribuyentes, dado que, por lo regular, el sistema de salud pública los absorbe.