Los líderes latinoamericanos que asistirán a la Cumbre de este fin de semana en Chile verán principalmente el lado próspero del país sudamericano, el de los hoteles de lujo, las salas de conferencia y los centros financieros como el apodado «Sanhattan», y no el lado de la desigualdad, la pobreza y las protestas indígenas.
Cientos de agentes de seguridad mantendrán alejados a los dignatarios de los activistas que exigen una distribución más equitativa de la riqueza proveniente del cobre y un sistema de educación más accesible. Los líderes tampoco verán a los indios Mapuche que denuncian las leyes antiterroristas, aprobadas bajo la dictadura y que se usan frecuentemente contra el grupo indígena más grande del país.
Chile, con sus 16,5 millones de habitantes, se ha ganado elogios mundiales por su economía moderna y sólidas instituciones, algo inusual en una región que aún no se recupera totalmente de siglos de atrofia económica. Pero hay otra cara de Chile, y no estará tan lejos de las salas de conferencia donde se celebrará la reunión cimera de la Unión Europea y Comunidad de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
De hecho, Chile tiene el peor índice de desigualdad económica entre los 34 países que comprenden la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo, según el Banco Mundial. Su tasa de desigualdad es incluso peor que la de otros países latinoamericanos que tienen un ingreso per cápita promedio menor, como Perú, la República Dominicana y Ecuador.
«Chile es un país de contrastes. Tenemos dos países – la gente que viene a la Cumbre solo ve un país – Sanhattan y la cifra macroeconómica pero no entiende el conflicto de los mapuche o la desigualdad», dijo a la AP Marta Lagos, jefa de la consultora MORI.
«Que la gente de la Cumbre no se dé cuenta de esto es bueno para el gobierno pero malo para Chile», añadió.
La promoción de un desarrollo sustentable mediante el combate a la pobreza, la reducción de la desigualdad y la protección de los recursos naturales son de hecho los principales objetivos de la Cumbre, que reunirá representantes de más de 60 países de la Unión Europea, Latinoamérica y el Caribe, además de organizaciones no gubernamentales.
El presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso, el presidente de gobierno español Mariano Rajoy y la canciller alemana Angela Merkel participarán en una conferencia el viernes donde unos 300 ejecutivos oficialmente explorarán proyectos con esas metas.
La directora del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde hizo referencia a los desafíos en el Foro de Davos, al expresar que los máximos líderes empresariales del mundo coinciden en que «la severa disparidad económica» comprende el mayor riesgo a la economía mundial en la década venidera. «La desigualdad excesiva es nociva al crecimiento, es nociva a la sociedad», aseveró.
Sin embargo, hay lecciones que otros países podrían aprender de Chile.
El país sudamericano, el mayor productor de cobre del mundo, es considerado la economía mejor manejada de Latinoamérica debido a su robusto crecimiento, prudentes políticas fiscales y macroeconómicas e instituciones sólidas, lo cual lo convierte en un destino ideal para las inversiones extranjeras.
Pero los críticos denuncian que las políticas impuestas bajo la dictadura de Augusto Pinochet, que conllevaron a la privatización de gran parte de la economía, siguen obstruyendo las necesarias reformas sociales y fomentando la desigualdad y la exclusión social.
En meses recientes han surgido protestas en demanda de mejoras en la educación, vivienda, cuidado de la salud y protección del medio ambiente. Es decir, aunque la economía está creciendo vertiginosamente, los chilenos exigen reformas al considerar que el sistema no está beneficiando a todos.
Algunos de los contrastes económicos son obvios. La barriada pobre de El Campamento Juan Pablo II, poblado de endebles viviendas de madera con techos de cinc, está a plena vista de las elegantes mansiones, modernos rascacielos y lujosos concesionarios de automóviles en Las Condes, una de las zonas más acaudaladas de la capital.
«La brecha social es muy grande. Están todos los multimillonarios y nosotros vivimos aquí en un campamento. El rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre», dijo Raúl Sánchez, de 51 años, quien gana un exiguo salario como guardia de estacionamiento.
Nadie niega que el presidente Sebastián Piñera ha tratado de combatir la pobreza mediante la creación de empleos y el otorgamiento de subsidios a los más pobres, pero no podrá cumplir su promesa de campaña de erradicar la pobreza antes de concluir su mandato en 2014, y muchos chilenos consideran que la desigualdad social es peor que nunca, dijo Lagos.
La exhibición de su éxito económico es importante para Chile, quien ansía proyectarse como un país desarrollado. La cúpula empresarial chilena siente un orgullo particular en que su país es parte de la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo.
Se prevé que la economía chilena crecerá aproximadamente 4,8% en el 2013, una cifra mayor que de todos los demás países menos Perú, según las Naciones Unidas.
La buena posición económica de Chile le ha ayudado a soportar las crisis económicas mundiales y evitar contagiarse de los males que afectan a la eurozona, cuya economía se contrajo en 0,5% el año pasado. Junto con la minería, Chile goza de una fuerte demanda de los consumidores e ingresos por exportaciones de salmón, madera, vino y frutas. En una reciente visita a Santiago, Lagarde elogió a Chile por una de las economías de mayor crecimiento en Sudamérica, siendo capaz de mantener baja la desocupación y a la inflación por debajo del 3%.
«Chile ha sido un país exitoso y hay muchas razones para que los chilenos se sientan orgullosos, pero el país sigue habiendo amplia desigualdad», comentó Patricio Navia, un experto en ciencias políticas de la Universidad de Nueva York.
«Debido precisamente a esa buena tasa de crecimiento es que uno se pregunta por qué el gobierno no ha logrado mayores éxitos en la lucha contra la desigualdad», añadió.
Lejos del centro de conferencias donde se realizará la Cumbre, una serie de organizaciones se disponían a realizar protestas en las calles en lo que apodaron «la cumbre del pueblo».
Los estudiantes exigen derogar la descentralización del sistema educativo, algo que ha creado una serie de escuelas públicas deficientes, universidades privadas con matrículas costosas, profesores inadecuados y préstamos estudiantiles inalcanzables.
Los indígenas mapuche exigen tener autonomía y que se les devuelvan sus tierras ancestrales en la Araucania, donde la mayoría de las tierras son propiedad de empresas madereras, corporaciones extranjeras e individuos acaudalados. Los grupos ambientalistas piden derogar la privatización del sistema de agua del país, que fue aplicada durante la era de Pinochet.
La queja principal de los manifestantes es que demasiado poder y riqueza está concentrado en muy pocas manos.
«El mayor problema en Chile es que la brecha entre ricos y pobres es realmente enorme», dijo Navia. «De tal manera que uno no ve la pobreza que ve en otros países, pero la riqueza y el ingreso son distribuidos de manera sumamente desigual».
Marta Lagos
Jefa de la consultora MORI