Ni el cangrejo camina como nuestro futbol


Oscar-Clemente-Marroquin

Hubo tiempos en los que Guatemala y Costa Rica se disputaban la hegemonía del futbol centroamericano, pero ya después de los años cincuenta del siglo XX, Honduras y hasta El Salvador fueron desplazando a Guatemala, país que siguió viviendo del recuerdo de viejas glorias encarnadas en figuras como Pepino Toledo, Mario Camposeco, Tin Tan Peña, o Escopeta Recinos. En ese tiempo Nicaragua y Panamá eran las cenicientas de ese deporte mientras que Belice ni siquiera participaba porque todavía no había adquirido el status de país independiente ni Serrano le había hecho la campaña de acabar de un plumazo con la reclamación de Guatemala.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Nicaragua y Panamá eran potencias beisboleras, pero no tenían ninguna historia futbolística, no obstante lo cual a base de buena organización y con una dirigencia deportiva menos torpe y sinvergüenza, dieron pasos firmes para mejorar la calidad de sus equipos. Hoy en día Belice y Nicaragua son algo así como nuestros tatas cada vez que nos toca enfrentarnos en competencias regionales, no digamos Panamá que ha tenido un avance significativo al punto de que es un país que ha exportado jugadores a cotizadas ligas extranjeras.
 
 La última aventura futbolística de Guatemala ha sido para llorar, pero no se puede culpar a los jugadores del fracaso estrepitoso sino a un grupo de dirigentes que han hecho de Midas al revés, puesto que Guatemala fue un país con potencial cuando el deporte no tenía los millones de apoyo que ahora reciben, pero una vez se decretó el aporte constitucional y las federaciones empezaron a estar pupusas de dinero, en vez de que los deportistas mejoraran sus actuaciones, fueron los dirigentes los que mejoraron su posición económica y tras esos puestos “ad honorem”, es decir sin sueldo que hay en la dirigencia del deporte, andan un montón de largos que encontraron en eso su medio de vida que, por cierto, es sumamente rentable.
 
 El futbol es el deporte nacional por excelencia porque es el que atrajo a multitudes durante muchos años y la afición se desvivía por los encuentros de la Liga Mayor, no digamos cuando la Selección participaba en alguna eliminatoria. Por cierto que para ningún país es tan cierto eso de que se juegan eliminatorias como para Guatemala, porque nosotros seguro que siempre quedamos eliminados.
 
 Ni la Contraloría de Cuentas, para variar, ni la cacareada auditoría social han servido para un carajo a la hora de establecer qué jocotes se hizo con todos los millones que han recibido las federaciones y especialmente la de futbol que además de disponer de su parte del aporte constitucional, goza de millonarios patrocinios de empresas que explotan el masoquismo de una afición que ha desarrollado una extraordinaria adaptación al ritual periódico de recibir leña cada vez que nos toca competir en cualquier justa y ahora ya sin la esperanza de que si nos colocan en algún grupo “accesible” hay oportunidad, porque está visto que para Guatemala no existe enemigo accesible si hasta los nicas, entregados por el viejo Tacho Somoza a las reglas del beisbol con una devoción casi religiosa, ahora nos dan reata cada vez que les toca.
 
 Uno empieza a sentir que el futbol nacional es el fiel reflejo de nuestra realidad social. Lo mismo que nuestro Congreso, que nuestros partidos políticos, que nuestras llamadas instituciones democráticas, el deterioro es constante y sostenido. No hay un solo paso para adelante sino que cuando uno pasa revista de la situación general del país, tiene que reconocer que vamos para atrás, como el cangrejo, en medio de esas encuestas que dicen que somos uno de los pueblos más felices del mundo. Viendo las cosas y siguiendo algún partido de nuestra Selección, yo digo que más que felices somos el pueblo más valeverguista del mundo.