En diciembre y principios de enero participé en múltiples reuniones familiares, siendo el de más edad dentro de mi núcleo familiar, disfruté de ver y de compartir con mis hijos naturales y políticos, mis nietos y amigos. En uno de esos días, rodeado de mis nietos jóvenes, adultos y adolescentes, derivamos en la conversación hacia lo que son los valores individuales que debemos tener y observar. En el diálogo surgieron los temas que implica el título de la presente opinión.
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La sociedad moderna ha ido relajando y distanciando las relaciones familiares, por una parte y por la otra, la tecnología ha ampliado el área de contactos sociales; sin embargo, siguen siendo los padres y abuelos los obligados a velar porque los valores, el comportamiento y la práctica de ese conocimiento sea adecuada en el más amplio sentido del concepto.
Le preguntaba a mis nietos cómo es su relación entre amigos y compañeros y si tienen claro cuáles deben ser los parámetros, les pedía que describieran en qué consiste una persona cuyo actuar y proceder es desequilibrado. Así pude insistir que el desequilibrado es aquel que en su comportamiento es inestable, desigual, perturbado o como ellos dicen loco y chiflado. En otros términos, le falta sensatez y cordura, por ello su actuar, su proceder es inadecuado y es responsabilidad de sus mayores, de su familia, maestros y amigos el hacerles notar que su conducta es improcedente.
Al analizar qué es un patán, fue fácil ponernos de acuerdo: es la persona grosera, tosca, ordinaria que sin ningún recato, se expresa a gritos, con palabras soeces y no sabe dar y pedir respeto. Es lo contrario de un individuo que trata a su familia y congéneres con deferencia permanente, ejemplo, cuando bosteza se tapa la boca y no se corta las uñas en público.
El siguiente término que abordamos es el hipócrita, definiéndolo como un impostor, una persona falsa, engañosa, que pretende tener creencias y virtudes, cualidades y sentimientos que utiliza solo en apariencia, es la negativa de aplicar los valores que deseamos se nos apliquen. Estos conceptos a veces se combinan, lo que hace aún más difícil relacionarse con una persona que sea patán e hipócrita, la cual en la mayoría de los casos es sin duda desequilibrado.
El último concepto que abordamos fue el amoral, que se le aplica a individuos que no respetan los valores religiosos o que merece la mujer y por ello públicamente denigran con sus actos, obras o arte los valores éticos y morales procedentes.
Es importante que en el seno familiar insistamos con nuestros hijos, nietos y demás miembros del clan, la práctica del respeto y los valores, quien los practica desde niño logra que sean parte de su personalidad y en el transcurso de su vida le evitarán problemas, desagrados dentro de su círculo de vida, social y de trabajo.
Los valores no son propiedad de ningún estrato social, hay personas adineradas que carecen de buena parte de ellos, lo cual se refleja en el trato con su cónyuge, con sus hijos, con sus padres, amigos y relaciones de toda naturaleza. Por el contrario, existen personas cuyo nivel social y económico es de pobreza o de clase media, quienes con su forma de proceder y comportarse demuestran una riqueza de principios que les crea el espacio que su educación merece.
Todos sin excepción debemos practicar lo que Benito Juárez expresaba: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Qué mejor muestra de respeto que el no ser patán, hipócrita, amoral y por tanto, desequilibrado.
¡Guatemala es primero!