¿Es tan difícil?


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El guatemalteco común y corriente tiene enorme cantidad de dudas ante la incontenible violencia y delincuencia que azota al país porque por más promesas y anuncios que hacen de mano dura y eficacia, a la hora de ejecutar sus planes no aparecen los buenos resultados. Una de esas preguntas es: ¿tan difícil es evitar o al menos intentar contener la ola de asaltos para robar celulares?

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Por todos es sabido que estos aparatos tienen una clave o registro (aparte del número para llamar al teléfono) que no lo tiene ningún otro, ¿entonces, si soy dueño de uno de ellos pagando a una de las empresas establecidas el servicio de telefonía, qué les cuesta atender prontamente mi solicitud para que en caso de pérdida o robo nadie más pueda utilizarlo?
En cada asalto o robo de estos aparatos, que para mí son un dolor de cabeza porque interrumpen mis actividades cada vez que los contesto, pero que al fin y al cabo son muy útiles y prácticos, se derivan serias amenazas para la vida, salud e integridad de los humanos, al menos en nuestro país. Gracias a Dios que la mayoría hemos logrado estar  mentalmente dispuestos a entregarlos a la primera solicitud, fuera cortés, mal educada o violentamente, pero eso no impide preguntar: ¿tanto les cuesta a las telefónicas, a las autoridades y a los legisladores buscarle una rápida y eficaz solución para evitar tantos daños y perjuicios derivados?, ¿tan grandes son los intereses que hay de por medio que poco les importa tantas pérdidas de vidas humanas?
Y para seguir hablando de la criminalidad cotidiana, resulta increíble también la incapacidad de las autoridades para prevenir otros delitos, por ejemplo ¿es tan difícil para las entidades bancarias, como para las autoridades diseñar una estrategia preventiva con el fin de evitar que aquel pobre obrero, que acaba de recibir un cheque en calidad de anticipo para realizar un trabajo, después de cambiarlo y de salir de uno de esos establecimientos le disparen un par de plomazos e inmisericordemente pierda la vida para desgracia de su familia y de toda la sociedad, que no acaba de salir de su asombro ante la pasividad con que vemos ahora tantos hechos de sangre?
Aclaro que este comentario lo escribo porque tanto a usted y a mí nos sobran las razones para vivir indignados por no poder andar tranquilos portando un celular o un cheque bien dobladito, con nuestro respectivo DPI, que reponerlo nos va a costar otro montón de tiempo, para que venga un hijo de su reverenda mamaíta a hacer añicos nuestra existencia, la de la familia y de toda la sociedad, mientras que tenemos que seguir pagando impuestos cada vez más elevados para que el Estado cumpla con el sagrado deber de velar por la seguridad de toda la población. ¿Es que tan difícil es en verdad velar y hacer cumplir la ley?