La democracia en su laberinto (2)


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La democracia como forma de gobierno constituye una condición imprescindible para la convivencia en una sociedad, una plataforma para la articulación política del conflicto, un instrumento para el crecimiento económico y una base fundamental para el mejoramiento de la calidad de vida de una sociedad. Sin embargo, la democracia requiere de ir más allá de las consideraciones formales de la misma; tales como, la convocatoria a elecciones, el desarrollo de elecciones libre y transparente, la posibilidad de ser electo y el libre ejercicio del voto. Aunque estas cuestiones han venido mejorándose paulatinamente durante el período democrático, no significa que con ello se ha dotado de contenido o sustancia al ejercicio democrático.

Juan José Narciso Chúa


A pesar que se ha avanzado significativamente en ciertos ejercicios propios de la democracia como la libertad de expresión, de reunión, de organización y la tolerancia de ideas, todavía hemos sufrido severas muestras de que estas libertades todavía generan enormes embates que incluso han llegado a niveles trágicos como el caso de Gerardi, y en la actualidad la abortada aprobación de la ley de Desarrollo Rural generó un aluvión de muestras de intolerancia y revivió fantasmas del pasado.

Una de las características propias de ejercicios de gobierno durante la democracia, es que poco se ha hecho para construir un Estado distinto, contrariamente se ha seguido con la ruta aleatoria, fuera de una discusión seria acerca de lo fundamental: ¿qué tipo de sociedad queremos construir, desarrollar y alcanzar?, para que después de este debate imprescindible, lleguemos a pensar ¿qué tipo de Estado y de instituciones necesitamos para conseguir una sociedad distinta?

El marco legal representa el cuerpo regulatorio de la democracia, así como sustenta el estado de Derecho y con ello establecer las condiciones sobre las cuales descansa la armonía de las relaciones sociales, políticas, jurídicas, culturales y económicas. Pero en materia de construcción de Estado, aunque se ha avanzado, poco se ha hecho para que el mismo se convierta en un interlocutor fundamental en la profundización de elementos que conduzcan a una sociedad diferente. El Estado no ha conseguido fortalecerse ni financiera, ni política, ni jurídicamente como un actor que tiene un rol fundamental para articular las relaciones sociales y el conflicto, porque el mismo Estado se ha visualizado como un mecanismo de representación de intereses particulares y no como el ente que hace prevalecer el interés general con respecto del individual, con lo cual su papel se queda sumamente estrecho y limitado, no consigue convertirse en un actor se distancie de las presiones de las élites, sino al contrario ha sido erosionado por las mismas, con lo cual se produce un Estado que se mueve en función de presiones, no sólo en lo económico, sino trascienden a lo político y definen lo social.

Esta porosidad del Estado lo hace presa de intervenciones que lo debilitan aún más pues sus propios funcionarios se convierten en operadores de negocios, con lo cual lo convierten en un instrumento en donde los conflictos de intereses se soslayan y olvidan para configurar un Estado sesgado en negocios, contratos, venta de activos, concesiones y compras de insumos estratégicos como las medicinas y otros. Este tipo de actuación es común en los tres organismos de Estado, sólo que con diferentes formas. En el Organismo Judicial a través de la compra de jueces para conseguir sentencias favorables; en el Congreso para empujar o empantanar leyes y el Ejecutivo con un perfil mayormente expuesto para estas malas prácticas. Al final, no se ha construido un Estado distinto, no se consigue avanzar en el desarrollo de la sociedad, se profundizan los mercados imperfectos, se privilegia el enriquecimiento ilícito, se abandona el debate público y hace a los gobiernos fracasar en agendas para modificar el estado de cosas y mejorar las relaciones sociales, políticas y culturales de un país, tampoco sienta las bases para modernizar la economía y reducir paulatinamente las enormes desigualdades sociales existentes.