Bush promete reforma migratoria


Migrantes. Un hombre mexicano atraviesa los barrotes del muro entre su paí­s y EE.UU. en San Isidro, California.

El presidente estadounidense, George W. Bush, retomó este lunes en suelo europeo los asuntos de su paí­s declarándose convencido de que su proyecto de una gran reforma de las leyes de inmigración no está muerto, y afirmó que se implicará personalmente para que tenga éxito.


Bush se dijo «decepcionado» del bloqueo de esta reforma, pero reiteró que es posible llevarla a cabo, hasta el punto de que dio cita para la firma de la ley.

Nada más llegar a Washington pretende acudir el martes al Senado para liderar la reanudación del debate sobre esta reforma, de la cual Bush quiere hacer el último gran éxito de su presidencia.

Pero el presidente se enfrenta a las reticencias tanto de sus adversarios demócratas como de muchos republicanos.

El proyecto fue objeto de un largo debate en el Senado, pero de momento el texto se retiró del orden del dí­a de esta cámara.

«Voy a trabajar con los que realmente quieren obtener un proyecto de ley sobre la inmigración y quieren que se vuelva a avanzar. Creo que podemos lograrlo. Nos vemos en la firma de la ley», declaró en conferencia de prensa en la capital búlgara antes de concluir su gira europea de una semana y regresar este mismo lunes a Washington.

El texto, complicado, ha levantado múltiples objeciones, la más importante la de los republicanos más conservadores, que consideran que regularizar a la mayorí­a de los 11 ó 12 millones de trabajadores clandestinos que se estima trabajan en Estados Unidos es igual a conceder una «amnistí­a».

Bush les asegura que no habrá «amnistí­a», que deberán pagar una multa si quieren legalizarse y posteriormente también impuestos, y que la reforma incluye un refuerzo considerable de la frontera.

El mandatario estadounidense defiende la reforma invocando las necesidades de la economí­a estadounidense y los valores morales y la tradición de acogida de Estados Unidos.

Bush encontrará en su paí­s un Congreso agitado donde los demócratas, frustrados por haber sido minusvalorados por Bush durante seis años cuando estaban en minorí­a, le imponen desde que son mayorí­a, en enero, una difí­cil cohabitación que se prolongará durante los dos últimos años de su presidencia.

Por otro lado, el Senado tiene previsto este lunes proceder a una moción de censura contra el secretario de Justicia, Alberto Gonzales, fiel a Bush, que es protagonista de un escándalo provocado por la expulsión de altos magistrados.

«Voy a trabajar con los que realmente quieren obtener un proyecto de ley sobre la inmigración y quieren que se vuelva a avanzar. Creo que podemos lograrlo. Nos vemos en la firma de la ley.»

George W. Bush, presidente de EE.UU.