El presidente Barack Obama dio inicio ayer a su segundo mandato ante miles de personas congregadas en el complejo de monumentos de Washington, donde exhortó a la nación a iniciar el rumbo hacia la prosperidad y libertad para todos los ciudadanos, así como proteger la red de asistencia social que ha amparado a los pobres, ancianos y necesitados.
«Nuestro país no puede ser exitoso cuando a unos pocos que cada vez son menos les va muy bien; y cada vez más apenas lograr salir adelante», declaró Obama en su mensaje de 18 minutos.
«La prosperidad de Estados Unidos debe descansar sobre los anchos hombros de una creciente clase media», agregó, haciendo eco del llamado que hizo en campaña y que lo catapultó a la reelección.
«Nuestro recorrido no está completo hasta que encontremos una mejor forma de dar la bienvenida a los empeñosos y esperanzados inmigrantes que todavía ven a Estados Unidos como la tierra de la oportunidad», agregó.
El mandatario declaró que las «posibilidades de Estados Unidos son infinitas», pues la economía está en recuperación y una década de guerra está llegando a su fin.
El festejo por la toma de posesión del lunes se extendió a toda la capital, con un jubiloso desfile por la Avenida Pensilvania y dos fiestas de gala que se realizaron más tarde. Después de su discurso, el presidente almorzó con los legisladores en el Capitolio.
En la ceremonia de investidura, Obama delineó una ambiciosa agenda para su segundo mandato y dedicó varias frases a la amenaza del calentamiento global al decir que, si se fracasa, «será una traición a nuestros hijos y generaciones futuras». En su primer mandato, Obama apenas lidió con el tema.
En una era en la que se avecinan recortes al gasto, Obama declaró que el país tiene un compromiso con programas de salud como Medicare, Medicaid y Seguridad Social. «Estas cosas no minarán nuestra iniciativa, nos fortalecen», indicó.
Atrapada entre una intensa campaña presidencial y discusiones fiscales por librar, la ceremonia del lunes fue un breve respiro de la parálisis partidista de los últimos dos años. Tal vez buscando un nuevo comienzo, Obama invitó a varios legisladores a la Casa Blanca a tomar café antes de su discurso, incluso a líderes republicanos con quienes ha tenido frecuentes diferencias.
Entre ellos estuvo el líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, quien dijo en un comunicado que el segundo mandato de Obama representa «un inicio fresco cuando se trata de hacer frente a los grandes desafíos de nuestros días».
De pie ante el Capitolio, el presidente imploró a Washington encontrar un terreno común para sus siguientes cuatro años. Buscando aprovechar el apoyo público que lo catapultó a la Casa Blanca dos veces, Obama dijo que la ciudadanía «tiene la obligación de dar forma a los debates de nuestro tiempo».
«Mis colegas estadounidenses, fuimos hechos para este momento y lo aprovecharemos, siempre que lo aprovechemos juntos», declaró Obama momentos después de prestar juramento durante una ceremonia pública en un día fresco en la capital del país.
«Debemos tomar las decisiones difíciles para reducir el gasto de la atención médica y el tamaño de nuestro déficit», declaró. Pero «rechazamos la idea de que Estados Unidos debe elegir entre cuidar a la generación que construyó este país o invertir en la generación que construirá su futuro».
El tiempo no fue demasiado frío para esta época del año en Washington: de aproximadamente 7,2 centígrados (45 Fahrenheit). Aunque la multitud no fue tan grande como en el Día de Juramentación de hace cuatro años, fue calculada en cerca de un millón de personas,
cantidad suficiente para hacer que Obama volteara mientras se alejaba del escenario de la juramentación para saborear la vista por última vez.
«No voy a volver a ver esto», dijo el hombre cuya carrera política ha sido meteórica: de la Legislatura de Illinois al Senado federal y luego a la Casa Blanca, todo antes de cumplir 48 años de edad.
Obama prestó la juramentación oficial el domingo para cumplir con el mandato constitucional de que los presidentes comienzan su nueva gestión el 20 de enero. Debido a que históricamente los actos de investidura no se realizan los domingos, la celebración pública fue trasladada al lunes y coincidió con el festivo nacional por el aniversario del nacimiento del finado líder de los derechos civiles Martin Luther King hijo.
El mandatario utilizó la Biblia que perteneció a King, junto con una segunda que fue de Abraham Lincoln. Obama hizo además una pausa dentro de la Rotonda del Capitolio para mirar la estatua de bronce de King.
En un día de renovación de la democracia, todos parecían tener una opinión y muchos parecían ansiosos de compartirla.
«Estoy sencillamente agradecido de que hayamos obtenido otros cuatro años de democracia en la que todos puedan crecer», dijo Wilbur Cole, un cartero de 52 años de los suburbios de Memphis, Tenesí, quien pasó parte del día visitando el museo de los derechos civiles en el sitio donde fue asesinado el pastor Martin Luther King hijo en 1968.
Segundo mandato
Hace cuatro años, el presidente Barack Obama y su personal pasaron el primer día en la Casa Blanca enterándose de los conocimientos básicos, no sólo del gobierno, sino sobre cómo ser conducidos a sus oficinas por el Servicio Secreto, introducir su contraseña en las computadoras gubernamentales y encontrar las llaves de sus cajoneras oficiales.
Ya resolvieron esos problemas hace tiempo. También en el pasado están la recesión económica, la guerra en Irak y la cacería del cabecilla terrorista Osama bin Laden.
Pero quedan por delante numerosos retos nuevos ahora que el presidente y su personal comienzan el martes su primer día de labores del segundo mandato de gobierno.
Obama atenderá en seguida tres plazos fiscales que requieren la cooperación del y con el Congreso, incluyendo elevar el tope de la deuda pública, que la Cámara de Representantes prevé votar el miércoles. La muerte de tres estadounidenses en un caso de rehens en una planta de gas en Argelia renovó el temor sobre un incremento del terrorismo en el norte de Africa. Y Obama debe terminar pronto la próxima etapa en el retiro de las fuerzas estadounidenses en Afganistán.
En su discurso de toma de posesión pronunciado el lunes, Obama anticipó una ambiciosa agenda progresista, que exigirá la cooperación de un Congreso dividido en un momento en que se ciernen recortes presupuestales.
El presidente tiene que cumplir otros compromisos de la ceremonia de investidura antes de ponerse a trabajar. Junto con el vicepresidente Joe Biden, asistirá la mañana del martes a una acto de oraciones en la Catedral Nacional y luego celebrar por la noche con personal de la campaña y del Casa Blanca en un baile formal.
No obstante, el martes será un día normal de trabajo en la Casa Blanca. Obama se reunirá con altos colaboradores y el secretario de prensa Jay Carney tendrá un encuentro con los periodistas.