Ataquemos las causas, no las consecuencias


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En Chapinlandia seguimos con la mala costumbre de hacer mucha bulla resultando después pocas las nueces. Eso que nuestro primer mandatario vaya a un programa radial a quejarse del transfuguismo de los diputados, en vez de acudir con las pruebas en la mano ante la autoridad para consignar a los responsables de estar haciendo cosas chuecas no es de un estadista, sino seguir con la politiquería de siempre, pues el problema nace en la forma de elegir a los diputados o ¿habrá alguien que ignore que para poder ser diputado primero tiene que comprar la franquicia al partido postulante?, ¿entonces de qué se extrañan que venga después el diputado a vender su voto al mejor postor a su mejor conveniencia?

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


En nuestro folclórico país ni al Santo Padre el Ministerio Público le cree que un ratero lo haya querido asaltar para robarle su celular un ratero, a mediodía y en pleno Parque Central. En primer lugar, Su Santidad no tiene DPI, ni cédula, ni licencia de conducir seguramente; tampoco habrá pagado su Boleto de Ornato y mucho menos habrá podido obtener su solvencia fiscal, entonces no podrá hacer ninguna gestión y si se descuida, a la cárcel puede ir a parar acusado de evadir impuestos. Me imagino entonces al General Pérez Molina llegando al MP, no digamos a cualquier ciudadano raso, para presentar una denuncia para sufrir la mala atención de sus empleados además del sinnúmero de obstáculos para demostrar un delito ¿o acaso no le salió el tiro por la culata al reportero que un diputado le ofreció  dinero a cambio de favores periodísticos?

    El día en que cualquier ciudadano capaz, competente, honesto, con pruebas de haber sido fiel cumplidor de sus obligaciones y deberes pueda aspirar a ser diputado del Congreso de la República o del Parlacen, entonces podremos esperar que salga algo bueno de esos antros, de lo contrario, disculpen, vamos a seguir en las mismas de siempre, desde la llamada “apertura democrática” de 1985. No es ningún secreto entonces saber que el sistema es el podrido y si no empezamos por el principio, reformando la Ley Electoral para transparentar el proceso de elección de los diputados, quitándole el privilegio y exclusividad de que la postulación solo la puedan hacer los partidos políticos, seguiremos amolados per secula seculorum.

    Por favor, no sigamos queriendo tapar el sol con un dedo. Las elecciones de diputados apestan desde antes de su convocatoria y una vez que son electos lo que se gestiona adentro y fuera del hemiciclo no se mueve por patriotismo para velar por los intereses de la patria o de la comunidad, mucho menos por ideologías o creencias políticas, sino cada quien por sus propios intereses. ¿Qué estoy equivocado y que alguien puede demostrar lo contrario a lo que asevero? Pues adelante, el pueblo lo espera con las pruebas en la mano.