Donde los árboles ya no mueren de pie.
Donde el Certamen Permanente de Miss Seria, centenario, es convocado por el destino, la historia, el sistema económico, con participación involuntaria y obligada, más bien forzada pero discreta, en que todos perdemos al paso de los años coronados.
Donde paleontólogos extranjeros han descubierto, sin mucho excavar, los primeros fósiles del homo corruptus u homo corruptibilis, algunos con apenas 50 años de antigüedad.
Donde no solo de pan vive el hombre; también de tortillas y de balas perdidas.
Donde de forma cíclica y fatal, a los tres o cuatro meses de entronizado un “nuevo” gobierno, la población bien informada ya pone sus recicladas esperanzas en que tal vez, primero Dios, ojalá que con el próximo (gobierno) la situación mejore. Ajá.
Donde la verdadera ave símbolo es, con mucho, mi amigo el zanate. Y en su ausencia, el zopilote.
Donde un repugnante general genocida puede ser o estar mejor arropado por el sistema que un bebé prematuro (humano) en la incubadora.
Donde si bajan los precios al gas propano, las compañías, a su vez, reducen el peso en libras a los respectivos cilindros o envases, siempre en aras de la “libre empresa”, el oligopolio, la oligarquía.
Donde en varias regiones geográficas y climáticas, cerebrales y volitivas, los siglos XVI, XVII y XIX suplantan al siglo XXI.
Donde al Presidente de la República es tan fácil venderle la idea (descabellada, disparatada, absurda) como shucos a colegiales a la hora del recreo.
Donde quien detenta un buen hueso se transforma en carne y tuétano de ese hueso.
Donde dos resobadas sentencias de J.P. Sartre tienen permanente vigencia, sin fecha de caducidad: “El infierno son los otros”; “El hombre es una pasión inútil”.
¡Ay del que teniendo ojos no quiere oír, y teniendo oídos no quiere ver! Porque oyendo es como vemos y viendo es como oímos. (Del penúltimo Evangelio Apócrifo.)