Wolfgang Amadeus Mozart y la genialidad musical


celso

Si se creyera todavía en la existencia de los ángeles, haría suponer que Mozart no era un hombre, sino un ángel, el ángel de la música, como lo llama el musicólogo vienés Kurt Páhlen. Sirva esta columna como homenaje del autor a Casiopea, alegría deshojada, luz que me aprisiona, sonoridad de fuente, enhiesto trigo maduro y alta estrella de mar danzante en la constelación Marte, dulce caracola posada en mis oídos.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela


Naturalmente, hizo estudios y tuvo maestros: su padre, Leopoldo, fue su primer preceptor, pero todo se le facilitaba, aprendía sin esfuerzo, ejecutaba a la perfección cualquier instrumento, con una maravillosa facilidad natural, sin los penosos ejercicios que son necesarios para dominar la técnica de ejecución.

Nació Mozart en Salzburgo, Austria, el día feliz para el mundo entero del 27 de enero de 1756. Su padre, Leopoldo Mozart, era un destacado músico, autor de un tratado de la técnica del violín y de otras obras musicales. Como ya se ha dicho, descubrió las extraordinarias dotes de su hijo y se dedicó a enseñarlo y a prepararlo. Su hermana Ana, cinco años mayor que Wolfgang no era genio pero a los diez años poseía una buena calidad de ejecución en el piano. El padre organizó, cuando Mozart tenía siete años y Ana doce, una gira de conciertos por las principales ciudades y cortes europeas, presentando a los dos niños como ejecutantes. Mozart especialmente, por pequeño, gracioso y excelente ejecutante, encantó a todos los que lo conocieron. Era un niño hermoso, lleno de candor infantil, son numerosas las anécdotas que se cuentan de su trato con reinas y princesas en ese viaje y que muestran que, fuera de su capacidad para la música era un niño normal, alegre, bondadoso, lleno de alegría de vivir y dueño de una gracia natural que encantaba.

A su paso por Londres conoció a Juan Cristóbal Bach, ilustre músico y uno de los hijos de Juan Sebastián Bach. En esta ciudad ocurrió el episodio narrado anteriormente. Recibió lecciones de Bach hijo, que le sirvieron para su ulterior desarrollo.

Allí compuso algunas de sus obras de etapa infantil. A los diez años de edad, Wolfgang era un compositor destacado; para entonces había compuesto misas, arias, sinfonías, serenatas y divertimentos, conciertos para piano y orquesta y dos óperas: Bastián y Bastiona y la Finta simplice.

A los trece años hizo su gira por Italia, junto con su padre. En Roma tomó lecciones de contrapunto con Giovanni Sammartini, uno de los maestros más renombrados de su tiempo; sus conocimientos se fueron afirmando. En esta ocasión ocurrió el episodio ya narrado de la copia de memoria del Miserere de Allegri. Años después, cuando ya no era un niño, dejó de contar con el atractivo mágico de ser niño prodigio y los músicos lo fueron olvidando; sin embargo seguía componiendo y cada vez sus obras eran mejores, más maduras, realmente perfectas.

Algo que amargó la vida del joven Mozart fue su relación de trabajo con el arzobispo de Salzburgo, monseñor Colloredo. Por mediación de su padre y para que tuviera un ingreso fijo, entró al servicio de monseñor Colloredo, hombre intratable de mal carácter, que consideró al joven compositor como uno de sus criados y así lo trató. Le prohibió componer música, a no ser que fuera a pedimento suyo y del carácter que él deseara; la representación de sus óperas, viajar a otras ciudades. Mozart era como un pájaro, necesitaba libertad para componer su música, que era la razón de su vida. El arzobispo pretendía tenerlo sujeto y tratarlo como un criado.