Los vaticinios basados en documentos estadísticos y, desde luego, en realidades, ominosamente están anunciando el colapso, dentro de un futuro que está acercándose como a zancadas, del programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS) del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
Dicho programa está vigente desde hace alrededor de cuatro décadas, y cuenta con la cantidad que sobrepasa los 150 mil afiliados esparcidos en los centros urbanos y rurales del país.
Las causas del deterioro programático del IGSS pueden ser varias. Una de ellas es la consabida renuencia de muchos patronos, inscritos en el régimen de Seguridad Social, de pagar las cuotas establecidas, que son de moderada cuantía.
Otra causa es la de los abusos de los altos funcionarios del gobierno de exigir bajo presión cantidades multimillonarias de las reservas del IVS cuando las cosas no son color de rosa, presupuestariamente hablando, en la Presidencia de la República y en algunos ministerios.
El adeudo gubernamental a favor del IGSS, a estas fechas, está por encima de los 20 mil millones de quetzales, suma que buena falta hace para el cumplimiento de la obligación de cubrir las pensiones de más de un millón de afiliados.
Celso Cerezo, cuando era presidente, tenía algunas vacas flacas en sus dominios, por lo que, aprovechando la condición de agnado de Celso Cerezo Mulet, su primo, que a la sazón era gerente del Instituto, le pidió y le dio la friolera de no pocos millones de quetzales. El quetzal no estaba tan devaluado como ahora, y ese dinero no ha de haber sido reintegrado a la mencionada institución.
Parece como si ignoraran los encumbrados funcionarios que el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social tiene autonomía y que, por eso, no debe estar esquilmándolo el Ejecutivo, pero como a los políticos que llegan a empuñar las riendas del gobierno esa autonomía les viene del norte, presionan a los pusilánimes funcionarios del IGSS. Al fin y al cabo estos son sumisos y serviles que, a todo lo que proviene de la llamada “superioridad”, obedecen agachando la cerviz.
El Sindicato de Trabajadores del IGSS (STIGSS) es la única entidad, de otras que existen a lo interno, pero como que ha bajado bastante la guardia y, por esa razón, se están cometiendo hechos lesivos a la clase trabajadora y al Régimen de Seguridad Social.
Hace falta acción, señores sindicalistas. Se están durmiendo en los laureles. Hoy o nunca deben defender al IGSS para no llorar como mujeres ebrias cuando sea demasiado tarde.
Nosotros, cuando por primera vez prestamos nuestros modestos servicios en el Departamento Jurídico y más tarde en otra dependencia del Instituto, defendimos a capa y espada, como a ultranza, los intereses del IGSS contra los desmanes de las autoridades, y procedimos dispuestos a todo, incluso contra decisiones de la Presidencia de la República, del Gabinete y de la poderosa CGTG dominada por líderes prepotentes.
Ojo al Cristo, que es de plata, señores de los varios sindicatos que funcionan en el IGSS, institución que presta diversos servicios en beneficio de la gran comunidad nacional de afiliados y de sus familias.
Las centrales obreras pueden jugar un papel importantísimo en defensa de la Seguridad Social. Así es que… ¡adentro con verdadero interés y decisión, antes de una posible intervención onerosísima, indefinida, nada conveniente!
El expresidente Arévalo Bermejo, si estuviera en este mundo de la divina luz, estaría poniendo freno a los abusos de desfinanciamiento de los programas del IGSS, lo mismo que el exprimer gerente de la entidad, licenciado Óscar Barahona Streber, un experto dinámico, honesto y capaz que promovió rápidamente a la benéfica institución.