El TPP y sus implicaciones


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Hace unos días, charlando con un amigo economista acerca del esperanzador futuro de la economía mexicana en los próximos años, me mencionó que el TPP le daría la oportunidad de dar un salto cuántico a nuestro vecino del norte. Como la verdad no tenía ni idea de lo que era el TPP me propuse investigarlo y analizarlo para poder dar mis observaciones al respecto.

John Carroll


El TPP es un acuerdo comercial que por sus siglas en inglés significa Trans Pacific Partnership. Los miembros fundadores son Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, países pequeños y medianos con economías relativamente libres que en el 2005 firmaron el tratado original con muchísimo recelo mediático. A partir de entonces estos países han hecho esfuerzos por incrementar la lista de territorios invitados de tal manera que a la fecha ya se han adherido a las rondas de negociación países como Estados Unidos, México, Japón y Australia. El propósito oficial de este tratado, como el de todos los “tratados de libre comercio” en la historia reciente del mundo comercial, es eliminar aranceles de forma escalonada y acordada para el comercio entre signatarios. Sin embargo estudiando un poco más a fondo los motivos es fácil observar que son los empresarios los diseñadores de este tipo de documentos representados, claro está, por los miembros del gabinete económico de cada uno de los países para darle el toque de diplomacia oficial.

Existen varias formas de evaluar la conveniencia o no de entrar a ser parte de este tipo de acuerdos y no hay duda que los habitantes de los países participantes saben bien que el desarrollo de cada una de sus economías fue alcanzado o está siendo alcanzado gracias a la libertad económica relativa que guardan en contraste de otros Estados que compiten en la aldea global del comercio mundial actual. Sin embargo da muy mala espina que las negociaciones entre países se mantengan en total secreto porque no se comprende porque es que hay que esconder algo que trae beneficios a los individuos habitantes de los países participantes. Lo que se sospecha es que el acuerdo, como muchos otros de su tipo, acarrea un bagaje importante de asuntos políticos mercantilistas como barreras no arancelarias de corte ambientalista, extensión de patentes, limitaciones a la libertad del Internet y otros tantos trapitos sucios que identifico como la verdadera razón del acuerdo.

Desde mi perspectiva no se trata sino de lobistas mercantilistas que buscan defender legalmente sus plazas comerciales sin importar la decisión del soberano consumidor. El dulce para los consumidores sería una baja en los aranceles-lo que a todas luces es conveniente- pero omiten mencionar todo el hueso que trae el pedazo de carne.

No quiero, desde ningún punto de vista, tomar partido contra el libre comercio, lo que quiero de hecho es que se entienda que el libre comercio no necesita de tratados porque ¿Qué caso tiene hacer todo un documento con regulaciones cuando lo que queremos lograr supuestamente es que los individuos trabajen e intercambien libremente? Lo que deben hacer los países participantes es abrir unilateralmente sus fronteras para que el trabajo y el comercio fluyan libremente sin los altos costos de la regulación arancelaria y no arancelaria. De hecho varios de los países participantes no tienen que hacer más que evaluar su historia reciente para ver que ellos mismos se pusieron en la senda del desarrollo precisamente con este tipo de medidas porque condujeron a los empresarios locales a volverse eficientes ante la amenaza de los participantes externos con el beneficio adicional de tener consumidores satisfaciendo sus necesidades obteniendo bienes a las mejores condiciones posibles.

Estoy seguro que este tratado traerá beneficios a los participantes pero seguramente los beneficios serían mucho mayores si no son los empresarios los que dirigen la agenda de negociación.