Los días próximos se prestan para hacer un balance de nuestro obrar a lo largo del año. Sopesar el bien y el mal que hemos hecho, lo que hemos dejado de hacer. Estimar si tanto frenesí ha valido la pena. Considerar si el desgaste ha tenido sentido. Evaluar si nos hemos desviado del camino y tomar decisiones radicales para reorientar nuestras vidas.
Es natural hacer estos ajustes al final de un período. Lo absurdo es caminar sin rumbo e ir sin brújula perdido por el bosque. Lo auténticamente humano es la previsión y el cálculo. Así somos, de esta forma debemos actuar. Por eso son propicias las fechas de fin de año como medio de calibración para tomar el control de nuestras vidas.
No hacer estas pausas nos expone a la ruina. Si somos padres, nos expone a seguir siendo violentos con nuestros hijos. Si somos hijos, nos arriesgamos a continuar con nuestra vida superficial y viciosa. La mayor parte de los humanos tenemos defectos que extirpar y el período del año se presta para retomar los buenos deseos.
No solo deberíamos proponernos enmendar nuestros errores, sino volver a intentar ser mejores. Es recomendable por lo menos concentrarnos en un defecto y eliminarlo en la medida de lo posible. Conocemos nuestros límites: celos, envidia, soberbia, deslealtad, codicia, falta de templanza y moderación… Los humanos estamos llamados a cultivar las virtudes.
Es tiempo para los buenos propósitos. No hay que sentir vergüenza si son los mismos del año pasado. Lo importante es redoblar energías, no desistir y ser perseverantes. La conquista de las virtudes no solo nos hace bien a nosotros mismos, sino a los demás. Ellos también agradecerán nuestra paciencia, humildad y espíritu de servicio. Es la manera perfecta de cambiar el mundo.
Enero debería ser el mes de los cambios: ellos y ellas en gimnasio, todos leyendo mejor literatura. Ellos y ellas en armonía, todos cultivando una vida menos materialista. Ellos y ellas indulgentes, todos ayudando a los más desfavorecidos. Sería el mes más paradisíaco del año. Un período en el que todos tendríamos alimentos y compartiríamos amor sin medida. A todo esto nos invita el final de año.
Les deseo a mis lectores un venturoso año nuevo, lleno de dicha y felicidad.