Chichicastenango es uno de los municipios con mayores niveles de matrimonios en adolescentes, sin embargo, no existe ninguna institución que dé seguimiento o atienda esos casos, debido a que se han naturalizado, por lo que muchas familias no los consideran inadecuados, aun cuando sean resultado de una violación sexual o de un embarazo no deseado.
Un informe, elaborado por Childfund y UNICEF, señala que hay casos en las comunidades en que los mismos padres y madres obligan a las niñas a casarse, aun cuando su pareja es mucho mayor que ella, porque en ocasiones los padres exigen al hombre alguna cantidad de dinero que generalmente es en miles de quetzales y por ese interés económico aprueban la unión de su hija, sin importarles su futuro.
Según el estudio, comunmente estos hechos se dan en contra de la voluntad de las adolescentes que en promedio tienen la edad de 15 años, pero si queda embarazada, ya sea porque la violaron o porque sin tener los conocimientos o la orientación necesaria tuvo relaciones sexuales y en consecuencia un embarazo a temprana edad, los padres aprovechan para chantajear al hombre obligándolo a darles una determinada cantidad de dinero y casarse con la niña.
Estos casos son recurrentes, pero casi desconocidos; la poca información se puede encontrar en el centro de salud, a donde acuden cuando el embarazo se complica, pero generalmente las niñas son atendidas en sus casas por comadronas; además, cuando son uniones entre menores de edad no contraen matrimonio civil, porque la ley no lo permite y por ello esperan hasta cumplir la mayoría de edad para casarse si es que lo hacen, pues hay parejas que nunca contraen matrimonio.
Según el diagnóstico, muchos de los matrimonios infantiles no prosperan porque el hombre las abandona, ya sea porque emigran a los Estados Unidos o porque simplemente desaparecen para no afrontar sus responsabilidades, pues la llegada del hijo fue resultado de una violación; ante esta realidad, muchas de las adolescentes deciden vender a sus recién nacidos a un costo que oscila entre los 2 y los 5 mil quetzales, para evitar la burla o los señalamientos de la sociedad.