El papa Benedicto XVI es autor de tres libros sobre Jesús. El más reciente, publicado en noviembre del presente año, se denomina “Jesús de Nazaret: relatos de la infancia”. En este libro Benedicto XVI enuncia dos tesis que han suscitado un interés especial: primera, Jesús no nació en el año en el que se suponía que había nacido; y segunda, en el lugar en donde nació Jesús, no había bueyes, ni asnos, ni otros animales.
La investigación académica ya había mostrado que Jesús no había nacido en el año 1 de la Era Cristiana, sino varios años antes. Empero, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana no lo había admitido, por lo menos oficialmente. Precisamente Benedicto XVI argumenta que Dionysius Exiguus, Dionisio El Pequeño, quien calculó el año en el que Jesús había nacido, cometió un “error de cálculo” que equivale a varios años.
El propósito de Dionisio El Pequeño era que los años transcurridos ya no se contaran a partir del año de fundación de Roma sino a partir del año durante el cual había nacido Jesús. Este año, denominado precisamente Año Dómine, o Año del Señor, sería el primero. Habría, entonces, dos numeraciones de los años: la numeración de los años anteriores al Año Dómine, y la numeración de los años posteriores.
El Año Dómine calculado por Dionisio El Pequeño comenzó a ser aceptado cuando San Beda El Venerable, monje benedictino, historiador y erudito, lo adoptó en su obra “Historia Eclesiástica del Pueblo de los Anglos”, terminada en el año 731. Empero, posteriormente se demostró que, para calcular el Año del Señor, Dionisio El Pequeño había cometido varios errores. Por ejemplo, había omitido cuatro años durante los cuales el emperador Augusto César gobernó con su auténtico nombre, es decir, Octavio. Y si Jesús había nacido cuando gobernaba Herodes el Grande, y este rey murió en el año 4 antes del Año Dómine, entonces había nacido por lo menos 4 años antes. Benedicto XVI afirma que Jesús nació entre el año 6 y el año 7 antes del Año del Señor. John Barton, profesor de hermenéutica de la Santa Escritura, del Colegio Oriel, de la Universidad de Oxford, afirma que nació entre el año 6 y el año 4.
Algunos investigadores académicos han mostrado que Jesús no nació en un establo. Por ejemplo, Ken Bailey, director del Instituto del Medio Oriente para Estudios del Nuevo Testamento, afirma que Jesús nació en un kataluma; palabra griega que significaba “aposento para huéspedes”, y también “mesón”. El cataluma tenía una terraza interior, denominada con la palabra árabe “mastaba”, en la que solía alojarse la familia que vivía en el kataluma. Durante el invierno solía haber, en torno a la mastaba, y sobre el suelo, animales de granja, que generaban calor; y entonces en esa estación del año también podía haber pesebres para alimentar, por ejemplo, a bueyes y asnos. Si Jesús nació durante el invierno, puede conjeturarse que en el cataluma en donde presuntamente nació, había animales de granja, entre ellos bueyes y asnos, y pesebres para alimentarlos, en uno de los cuales podía haber sido alojado el recién nacido Jesús. Empero, aunque hubiera habido bueyes y asnos, Benedicto XVI afirma que en los evangelios “no se habla de animales en el lugar en donde nació Jesús.”
Post scriptum. Benedicto XVI explica de esta manera la estrella de Belén: “Hubo una conjunción de los planetas Júpiter, Saturno y Marte, que pudo estar acompañada de una estrella supernova, que provocó una intensa luminosidad en el cielo durante semanas y meses.”