Lógicamente los crímenes en masa cometidos en Estados Unidos han abierto una puerta muy especial para el debate sobre los alcances de la Segunda Enmienda de la Constitución de ese país que garantiza el derecho a la tenencia de armas. El texto constitucional se refiere a que siendo necesaria la existencia de una bien regulada milicia para asegurar un Estado Libre, no se puede infringir el derecho a tener y portar armas.
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Esa norma constitucional ha permitido la venta legal de más de 300 millones de armas de fuego en los Estados Unidos y asegura su derecho a 45% de la población que las posee del más variado tipo, desde simples pistolas tipo revólver, hasta las más sofisticadas armas semiautomáticas, especialmente fusiles de asalto con enorme capacidad de fuego, como la que fue utilizada el viernes pasado en Connecticut.
Los activistas que reclaman el control en la venta de armas encuentran ahora un espacio que pocas veces han tenido para propagar su mensaje, aunque se enfrentan con una muy sólida Asociación Nacional del Rifle (NRA) que es posiblemente uno de los más poderosos grupos de presión en Estados Unidos y que no van a ceder fácilmente en lo que consideran sus derechos.
Desde hace meses en CNN el periodista británico Piers Morgan viene realizando una intensa campaña contra la venta de armas, misma que al principio fue totalmente radical pregonando que Estados Unidos tenía que modificar la norma constitucional que otorga el derecho a comprar y tener armas de fuego. Poco a poco el inglés se ha dado cuenta que es imposible pretender un cambio de ese tipo y que por mucho que esgrima ejemplos de países como Inglaterra, Australia o Japón, donde la tasa de muertes por arma de fuego es mínima, su prédica no impacta en un pueblo que tiene tanta devoción por las armas.
Por cierto que ese periodista inglés se ha pasado de la raya, como hacen tantos extranjeros, madreando a diestra y siniestra a los que no piensan como él, en un tono arrogante y abusivo que molesta porque uno piensa que esos individuos tirados con honda mejor se volvieran a sus respectivos países a pontificar entre su gente y que sean sus compatriotas de origen los que les aguanten sus insolentes arrogancias.
Definitivamente Estados Unidos tiene mucho que hacer en cuanto al control de las armas de fuego, especialmente al realizar chequeos sobre los potenciales compradores que incluyan alguna prueba de estabilidad mental, pero lo más que se puede esperar de una ofensiva muy fuerte lanzada por la Casa Blanca y el presidente Obama pudiera ser la prohibición para comercializar las armas semiautomáticas de asalto, misma que ya estuvo vigente, pero fue derogada por un fallo judicial.
Personalmente creo que las armas de fuego tienen que ser debidamente reguladas y estar en posesión de gente que tenga algún entrenamiento para usarlas con responsabilidad. Me preocupa mucho el efecto que tiene la cultura de violencia existente en algunos países, especialmente el nuestro, y la falta de respuesta a los signos alarmantes de desequilibrio entre portadores de armas. Mucho influye, pienso, la cantidad de películas de violencia extrema, no digamos los videojuegos en los que los niños son estimulados a ver la eliminación de adversarios como un juego sin consecuencias.
La cultura de la muerte, esa idea de que todo se arregla matando a quien nos molesta, es mucho peor aquí porque por generaciones hemos visto esa forma de actuar como ejemplar. Pero se propaga gracias al cine, la televisión y los videojuegos que consistentemente enaltecen la figura del héroe violento capaz de soplarse al mayor número de gente en menos tiempo y sin siquiera despeinarse. Creo que propagar esa cultura es más dañino aún que la tenencia de las armas.