El día viernes por la mañana tuve la oportunidad de visitar San Marcos en el marco de la exploración de un esfuerzo empresarial conjunto que busca ofrecer alternativas que permitan elevar un poco la calidad de vida de personas de escasos o medianos recursos, proyecto que con la visión hacia el futuro de varias entidades espera poder generar un impacto positivo en la vida de muchas personas en todo el país.
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De tal cuenta que tuvimos el chance de visitar la comunidad de San Antonio en San Marcos y el extraordinario placer de conocer a una familia esforzadísima de 9 hermanos que fueron víctimas del terremoto que destruyó su vivienda construida con adobe. Era alrededor de la una de la tarde, llegar al lugar nos tomó unos cuantos minutos a través de un sendero de siembra de papa.
Al llegar y a pesar de ser hora del almuerzo, la familia no daba rastros de haber ingerido alimento alguno o que lo fueran a hacer en el corto plazo. Una de las mujeres de la familia, aproximadamente de 14 años, estaba en reposo en la casa de lámina vieja levantada tras el terremoto porque haciendo trabajo de campo se había cortado el pie con el azadón. No obstante lo anterior, se notaba un optimismo inexplicable en la familia cuando nos abrieron las puertas de su casa. Kevin, el niño menor, jugaba con una pelota de tenis, tan feliz como su tuviera el último y mejor juguete.
Al salir, triste pero con la determinación de entregar lo mejor de sí para intentar cambiar esa realidad que afecta a miles de guatemaltecos en todo el país pero que tiene ahora en San Marcos a su cara más visible, recibí un mensaje de nuestro jefe de redacción con la información de la masacre en Newtown, Connecticut, EE. UU., en el que me informaba de una matanza que incluía niños inocentes y personas adultas que dieron su vida por defender a los pequeños.
Y así como ahora el Presidente de los Estados Unidos le pregunta a su pueblo si están satisfechos con lo que se ha hecho, si creen que han hecho el mejor trabajo posible para evitar que esas matanzas sucedan, yo me hago la misma pregunta y se la formulo a nuestra sociedad, respecto a la forma en que hemos permitido que la pobreza se enraíce eternamente y por generaciones en familias de nuestra raza y sangre.
Yo encuentro en la gente de San Marcos, en esa gente que escapa de las cámaras y de la publicidad del Gobierno, la mejor inspiración para tratar de cambiar esta realidad intentando trabajar de la mano con la creatividad de un empresario amigo que a pesar de su fortuna piensa en cómo puede revolucionar la forma de hacer negocios pensando en la gente, aprovechando además una mano amiga dispuesta a apoyar financieramente hablando.
La gente pobre de todo el país, la gente negada de oportunidades por nuestro desinterés en darle vuelta a una trágica situación que no nos conmueve tanto porque no nos sacude de golpe sino persiste silenciosamente, con efectos eternos y mortíferos, debe ser nuestra razón para actuar. ¿Cuál es la solución? Puede haber muchas aunque ahora muchos prefieran ni discutirlas, pero cualquier cosa será mejor que no hacer nada y seguir como estamos.
Mis oraciones están con las familias de Estados Unidos que pasarán una Navidad ingrata y mi corazón y compromiso estarán de forma eterna con aquellos millones de familias guatemaltecas que no pasan una, sino todas sus navidades ingratas, sin esperanzas de futuro. Debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para que juntos podamos ofrecer oportunidades sostenibles a aquellos que han estado y están luchando por ellas.
Como bien dijo Obama para el caso de Newtown, hacer nada es inaceptable y lo mismo, exactamente lo mismo, aplica para nuestra triste y cruda realidad.