La idea sobre el final


julio-donis

El final no ocurrirá el 21 de diciembre como predicen mil y un charlatanes que aprovechan el final de la cuenta larga en la cultura maya. Lo más probable es que ese día presenciemos pero el gran final de la mala gestión del Ministro de Cultura y su falta de tino y pertinencia cultural. La idea sobre un final apocalíptico está alimentada por el ego mundial que tiene la indecencia y la ingenuidad al mismo tiempo, de creer que el foco del planeta se apagará con un interruptor.

Julio Donis


Esa ansiedad colectiva por el fin del mundo está alimentada con el mismo pasto que engorda las almas desesperadas por el mesianismo o el milenarismo, es del mismo heno con el que Hollywood aliena las mentes globales, invocando un final catastrófico en 3D. Para los que esperan un final desastroso con efectos especiales, la mala noticia es que no ocurrirá. Eso aunque se sabe, se prefiere dar crédito a las falsas creencias sobre el día del juicio final. La idea sobre el fin del mundo está alimentada por la doctrina escatológica que en cada religión anuncia las cosas últimas del planeta y del ser humano. Es nuevamente la egocéntrica actitud de la inmortalidad que se resiste a abandonar esta vida de agobio y angustia de infinidad de pequeñeces, y se busca la esperanza en un paraíso divino que incluya todas aquellas pequeñeces. Aún estamos muy lejos de asumir la conciencia que formamos parte, junto a todo lo que nos rodea, de un flujo de energía que se transforma constantemente. La sensación de final material que sentimos, está inducida por los aparatos del sistema y no es casual, pues éste se conoce a sí mismo y ha medido la posibilidad de sus condiciones objetivas y subjetivas. Los agentes del sistema han llevado a escala global, y muy pronto fuera de la Tierra, la idea del mercado como centro de la actividad de la especie humana, sin embargo eso no es suficiente, aún queda un obstáculo, la especie misma. Para eso se requiere la orientación y el control de la conducta hacia determinados patrones y valores, tarea que está bastante soslayada, sin embargo los cálculos no consideraron los déficits del propio sistema, lo que ha ocasionado daños severos en el planeta. Las alternativas para corregir estos excesos pasan inevitablemente por el control de los humanos, pues ha fallado la idea del rebalse de la riqueza y los pobres se han vuelto demasiados. Así como lo lee, en una suerte de Gran Hermano Neoliberal diría Susan George, él dicta que las alternativas pasan por menos personas en el bus que debe conducir hacia la felicidad individual en el que solo tendrán cabida algunas especies, pues otras se habrán extinguido ya. Me temo que los métodos serán extensivos y vendrán vestidos de catástrofes, de pandemias con origen inexplicable, de males sospechosos que arrasaran a los más vulnerables; es por eso que las teorías conspirativas se constituyen en lo poco que podrá dar pistas de las razones y mecanismos para este exterminio neoliberal, o más bien ajuste al final del camino. El sistema de dominación ha provocado una forma de vida y unos valores que conducen al desenfreno en una plantea que es finito; los excesos del imperio lo han vuelo incoherente y los riesgos están a la orden del día, tanto en su propia casa como en ajenas. El sistema de dominación es hábil y amorfo, se viste de oveja y enarbola los discursos más correctos para asegurar el objetivo de riqueza total. Mientras eso ocurre, la maquinaria mediática y religiosa mantiene a las masas esperando el día final. Regreso el próximo año.