La ciudad estadounidense afectada por una reciente masacre se preparaba hoy para inhumar a los primeros dos de los 20 menores que fueron víctimas de un atacante en una escuela primaria, al tiempo que debate sobre cuándo reanudar las clases, y dónde, considerando que los alumnos sobrevivientes relacionan la matanza con las instalaciones de su establecimiento de estudio.
La población de Newtown no estaba todavía en condiciones de abordar esa cuestión tres días apenas después de la matanza a tiros en la escuela primaria Sandy Hook, y un día después de que el presidente Barack Obama prometió buscar cambios —en memoria de los infantes y los seis adultos asesinados por un joven con un rifle de alto poder— para evitar la repetición de una tragedia similar.
«Sólo hasta ahora estamos listos para hablarle a nuestro hijo de quienes fueron muertos», dijo Robert Licata, padre de un alumno que escapó lesionado durante el ataque a tiros.
Los funcionarios de Newtown se han abstenido de decir si llegará a ser reabierta la primaria Sandy Hook, donde según autoridades todas las víctimas fueron atacadas al menos con dos tiros. Las clases de hoy fueron canceladas, y el distrito escolar sopesaba el posible traslado de los estudiantes sobrevivientes de Sandy Hook a las instalaciones de una otrora escuela en una localidad vecina.
El atacante, Adam Lanza, de 20 años, llevaba un arsenal de cientos de cartuchos particularmente mortales, dijeron las autoridades ayer. La cantidad era suficiente para matar a casi todos los alumnos de la escuela, lo cual abre la escalofriante posibilidad de que la tragedia pudo haber sido incluso peor.
El agresor decidió matarse cuando escuchó que la policía se acercaba durante el ataque de unos diez minutos cometido el viernes, dijo el gobernador Dannel P. Malloy a la cadena ABC.
PLANEABA ALGO PEOR
La persona que cometió la matanza en la primaria de Connecticut le disparó cuatro veces a su madre en la cabeza antes de dirigirse a la primaria y matar a 26 personas, entre ellos 20 niños, revelaron las autoridades ayer, a medida que surgen detalles que indican que el asesino planeaba un ataque todavía peor.
La Policía del estado de Connecticut afirmó ayer que sus agentes hallaron numerosos cargadores de 30 balas y centenares de balas en la escuela primaria donde ocurrió la matanza del viernes. Se trata de la peor masacre de niños escolares en la historia de Estados Unidos.
Obama llegó a la ciudad por la noche para reunirse en privado con las familias de las víctimas y tratar de consolarlas. El presidente habló a nombre de una nación en el dolor, aunque la matanza lo dejó, como a tantos otros, en busca de palabras.
«Estoy muy consciente de que las meras palabras no pueden igualar la profundidad de su dolor, ni pueden curar sus corazones heridos», dijo Obama durante una vigilia en Newtown.
«Sólo puedo esperar que les ayude saber que no están solos en su dolor», agregó Obama en palabras tanto a los habitantes de Newton como de toda la nación, consternada.
El viaje fue el cuarto de Obama a alguna ciudad que haya sido escenario de una matanza colectiva con armas de fuego.
La masacre desató un nuevo debate político sobre la necesidad de un control de armas. Obama dijo que en las próximas semanas usaría «todo el poder que tiene esta oficina» para colaborar con la Policía, los profesionales de salud mental, padres y educadores, en un intento por evitar más tragedias como la de Newtown.
«¿Podremos decir que estamos haciendo realmente lo suficiente para dar a todos los niños de este país la oportunidad que se merecen de vivir sus vidas con felicidad y con un propósito? He estado reflexionando sobre esto en los últimos días», dijo Obama, sombrío, mientras algunos entre la audiencia lloraban.
«Si somos honestos, la respuesta es no. Y vamos a tener que cambiarlo», agregó.
El teniente de la Policía estatal Paul Vance dijo que las autoridades identificaron oficialmente al atacante de la escuela como Adam Lanza. Dijeron que su madre, Nancy, fue una de sus víctimas.
Lanza mató a tiros a su madre en su casa, luego condujo hasta la primaria Sandy Hook con al menos tres armas de ella. Irrumpió en la escuela por una ventana que rompió y abrió fuego, dijeron las autoridades. En cuestión de minutos, mató a 20 niños, seis mujeres y se quitó la vida.
El impensable derramamiento de sangre pudo ser todavía peor. El gobernador de Connecticut, Dannel Malloy, dijo que Lanza se suicidó cuando la Policía entró en el edificio.
«Suponemos que cuando estaba en la segunda aula escuchó a los oficiales viniendo. Al parecer en ese momento decidió quitarse la vida», dijo Malloy en entrevista con la cadena ABC. El gobernador no habló de los motivos del ataque y un policía dijo que no han encontrado cartas o diarios que pudieran darles alguna pista.
Un grupo de agentes federales recorrió decenas de tiendas de armas y campos de tiro en Connecticut en busca de pistas que arrojen luz sobre la vida del autor de la matanza.
Hay varias interrogantes para la Policía: ¿Por qué su madre, una divorciada adinerada, tenía un alijo de armas en la casa? ¿Qué experiencia tenía Lanza con esas armas? Y, por encima de todo, ¿qué fue lo que lo llevó a matar a niños de seis y siete años?
Todas las víctimas fueron muertas a disparos de fusil y algunas con disparos a corta distancia. Al parecer todas fueron atacadas con más de un disparo, informó el jefe del servicio forense, el médico H. Wayne Carver. De los 20 menores, ocho eran varones y 12 eran niñas.
A la pregunta de si los niños habían sufrido, Carver respondió: «Si acaso, no mucho tiempo». Sobre cuántos tiros fueron hechos, contestó: «Yo tendría suerte si pudiera decir cuántos encontré». Los padres identificaron a los niños mediante fotografías para evitarles una conmoción peor, explicó Carver.
Los detalles terribles sobre los últimos momentos de los pequeños inocentes surgieron cuando las autoridades divulgaron sus nombres y edades. Los más pequeños tenían entre seis y siete años y la víctima de mayor edad tenía 56. Entre los muertos está la directora Dawn Hochsprung, quien según las autoridades intentó someter al atacante.
La tragedia sumió en duelo al poblado de Newtown y colocó a la pintoresca localidad de 27 mil habitantes entre el mapa de las ciudades afectadas por las masacres que en los últimos años han revivido el debate nacional sobre el control de las armas sin lograr grandes cambios.
El sábado, Peter Lanza, padre del atacante, dijo en un comunicado que su familia está angustiada.
«Nuestra familia está de luto con los afectados por esta enorme tragedia. No hay palabras para expresar el pesar en nuestros corazones», afirmó. «Al igual que muchos de ustedes, estamos entristecidos, pero luchando para hallar el sentido de lo que ocurrió».
Las autoridades informaron que Adam Lanza no tenía antecedentes penales. Se cree que padecía algún desorden de personalidad, dijo un oficial que no quiso ser identificado por no estar autorizado a hablar del tema. Otro policía, que también habló bajo condición de anonimato, dijo que al joven se le diagnosticó Asperger, una forma leve de autismo.
La gente que padece este desorden casi siempre es muy inteligente y aunque pueden frustrarse fácilmente, no hay evidencia de vínculos entre el Asperger y el comportamiento violento, de acuerdo con los expertos.
Vida familiar reservada
En el bar, todos la conocían.
Nancy Lanza era el tipo de persona, que si escuchaba que alguien tenía poco dinero en efectivo, por lo general se ofrecía a pagar la cuenta en My Place.
Dos o tres noches por semana, Lanza — la madre del atacante de la horrible masacre en la escuela de Connecticut— venía a comprar ensaladas para llevar, pero se quedaba a tomarse un vaso de vino Chardonnay y por poco de buen humor. Estaba divorciada y tenía dos hijos, pero Lanza, de 52 años, de cabello rubio cenizo y de piel tersa con toda claridad no tenía que trabajar y siempre estaba de buen ánimo para hablar sobre su equipo favorito los Medias Rojas, de jardinería y su gran afición por el tiro al blanco.
Sin embargo, aunque Lanza hablaba con orgullo de sus hijos y los traía a tomar desayuno cuando eran pequeños, los amigos dicen que mantenía una gran reserva sobre su vida familiar, especialmente sobre sus vicisitudes.
Ahora los secretos de Lanza son el centro de las interrogantes que envuelven a este pueblo de Nueva Inglaterra, que padece por la matanza provocada por su hijo Adam, de 20 años, de quien las autoridades dicen que mató a su madre el viernes con una de sus propias armas antes de asesinar a 26 niños y maestras en una escuela vecina.
«Su vida familiar era reservada cuando nos reuníamos. La mantenía en silencio. Era cuestión de ella», comentó Louise Tambascio, que atiende la pizería, de iluminación cálida, y el bar con sus dos hijos, y se convirtió en la compañera de compras y comidas de Nancy Lanza.
Los amigos sabían al hijo menor de Lanza, que miraba al piso y no hablaba cuando ella lo traía al local. Sabían que había cambiado de colegios más de una vez y que ella había tratado de educarlo en casa. Pero mientras que la mujer había expresado preocupación sobre su futuro en ocasiones en el bar, nunca se quejó de nada más.
«Siempre la escuché como madre, siempre me dije que no quería estar en su lugar. Pero pensaba, qué bien lo disimula», comentó John, el hijo de Tambascio.
Pese a todas sus tribulaciones, la vida de Lanza era muy cómoda. Cuando se mudaron con su esposo de entonces, Peter Lanza, a la comunidad del centro de Connecticut en 1998 procedentes del sur de Nueva Hampshire, compraron una amplia residencia de estilo colonial sobre un terreno de casi una hectárea en el vecindario de Bennett’s Farm. Nancy Lanza había trabajado como corredora bursátil en la firma John Hancock de Boston y su esposo era un exitoso ejecutivo.
Cuando la pareja se divorció en el 2009, el hombre le dejó la casa a Nancy Lanza y le dijo que no tenía que volver a trabajar, comentó Marsha Lanza, que reside en el estado de Illinois, tía del asesino.
Quienes conocían a Nancy Lanza la recuerdan como una mujer generosa, que ayudaba monetariamente a muchas personas y que hacía trabajo voluntario.
Lanza también les contó a sus amigos que había comprado armas y que había ido al tiro al blanco, dijo John Tambascio.
Las tres armas que Adam Lanza llevó a la escuela primaria Sandy Hook eran de propiedad de su madre y estaban registradas bajo su nombre, para de revólveres y un fusil Bushmaster de calibre ,223.
Los investigadores dijeron el domingo que la señora Lanza visitaba centros de tiro al blanco y que su hijo también había visitado un lugar de ese tipo.
Ginger Colburn, portavoz del Buró de Alcohol, Tabaco y Armas, dijo que no estaba claro si Nancy Lanza llevó a su hijo al centro de tiro al blanco o si él no se entrenó en el uso de armas ahí.
Marsha Lanza dijo al diario Chicago Sun-Times que Nancy Lanza deseaba armas para tener protección. «Estaba preparada para lo peor», señaló Marsha Lanza.
«Las armas eran su afición», señaló Dan Holmes, que conoció a la señora Lanza mientras trabajaba en el diseño de su jardín, según en declaraciones al diario The Washington Post. «Ella me dijo que le agradaba cómo el tiro obligaba a prestar total atención».
Pero mientras que sus visitas al centro de tiro al blanco le servían de relajamiento a la señora Lanza, cuando regresaba a su casa tenía que enfrentarse a la realidad de criar un hijo con problemas en sus relaciones con otros.
En la escuela secundaria Newtown, Adam Lanza tenía crisis a menudo que solo su madre podía apaciguar.
«Cuando se le presentaba un episodio ella tenía que venir al colegio a ayudar a resolverlo», indicó Richard Novia, director de seguridad del distrito escolar hasta el 2008, quien llegó a conocer a la familia porque los dos hermanos Lanza se matricularon en el club de tecnología que él patrocinaba.
Novia señaló que Adam Lanza podía algunas veces abstraerse por completo «de lo que estuviera haciendo» ya sea si estaba en una clase o se leía un libro.