Último mes del calendario es escenario real de dos situaciones en la balanza. Asimismo que suele adquirir tendencia hacia el lado más vulnerable, más pobre, y también receptor de discriminación, racismo, etcétera, imposible por lo visto hacer los mejores esfuerzos por una solución de calidad ecuánime, muy capaz de encontrar la superación victoriosa.
El ambiente, sea como sea percibido, denota animación, fruto del costumbrismo, resultante claro de tradiciones firmes.
Es una cadena de celebraciones religiosas acendrada, con orientación a demostrar un espíritu vencedor a la postre. Unos y otros en la medida de sus posibilidades económicas participan de eventos múltiples por demás conocidos.
Expanden elementos festivos, por ejemplo expresiones devotas dentro y fuera de los templos, en condición de culto externo de generación en generación trascender a porfía. La abundante y variada obra del arte culinario produce la gloria del sentido del gusto exquisito. Una quema superextraordinaria de pólvora estruendosa, remata más la contaminación ambiental.
De orden público, bajo el patrocinio gubernamental y municipal desarrollan actividades artístico-culturales, para deleite de grandes y chicos por igual de forma gratuita. Con miras a distraer tanta presión anímica que doblega la humanidad cariacontecida al influjo delincuencial a toda hora. Son espectáculos encaminados a motivar de alguna manera el espíritu.
Los precedentes párrafos en suma, representan en efecto las luces positivas en beneficio de la población explosiva, son algunas luces momentáneas, pero muestras sin excepción las restantes, acaso mayoritarias que ensombrecen en gran medida. Persisten amalgamadas en menoscabo social, todo género deficitario, capaz de quedar al margen del júbilo completo.
Resulta difícil que un pan, una tortilla, un tamal, lleguen a las mesas en número extraordinario e impresionante de pobreza y pobreza extrema; el ponche navideño y frutas de ocasión quedan con cara de angustia, igual que un regalo en el seno de miles de hogares guatemaltecos. Rostros compungidos, estómagos vacíos, lágrimas impactantes son escenario doliente.
Carentes de abrigo indispensable, la noche adquiere más oscuridad en el espíritu doblegado. Transcurre como siempre, en medio de limitaciones conmovedoras. La fatalidad se cierne sobre estos seres que sólo escuchan el estruendo; el derroche monetario y de satisfactores de los privilegiados. A menudo son víctimas del infortunio, de accidentes en general.
Sombras y más sombras hacen de las suyas en días decembrinos en contra de desheredados de la fortuna. Solo el calor humano constituye de verdad la única esperanza que entre tantas sombras trasluce la presencia del Niño Jesús, que irradia para ellos un hálito bienhechor y sus bendiciones, mitigante y confortante a manos llenas que derrama siempre en su favor.