Debe ponérsele un hasta aquí a este presidente militar, así como definitivamente se lo están poniendo las comunidades indígenas en Totonicapán. Da vergüenza que los indígenas estén tomando la iniciativa con el fin de parar los abusos gubernamentales, mientras los ladinos de la Capital y de los departamentos, con su tradicional indolencia, despreocupación e irresponsabilidad simplemente vuelven la cara para el otro lado y con toda la falta de dignidad, aceptan que hagan lo que quieran con su país sin que les preocupe el presente ni el futuro de sus hijos, sus nietos y las generaciones que vendrán detrás.
En Guatemala lo que domina es el machismo, el fútbol, las fotografías de mujeres desnudas y la maldita droga del licor, de lo que se sienten orgullosos. La hombría la han dejado por detrás muchísimos hombres guatemaltecos. Se les olvida que hombría es hacer lo que un hombre debe hacer: Cumplir las obligaciones con su esposa y con sus hijos; estudiar; cumplir con sus obligaciones ciudadanas; cumplir al pie de la letra con los compromisos adquiridos; cumplir con la hora prometida y no llegar tarde; cumplir con la caballerosidad de un hombre responsable para con el prójimo; cumplir con las obligaciones en el trabajo; etcétera.
La Constitución Política de la República de Guatemala está en el grave peligro de ser manoseada y prostituida por los políticos incrustados en el Congreso de la República; el poder Ejecutivo representado por el presidente Otto Pérez y la vicepresidenta Roxana Baldetti Elías; adicionados a algunos poderosos sectores interesados de la iniciativa privada y del Ejército.
Parece que estos personajes están bien entrenados para poder menear la melcocha en contra de la transparencia y el manejo honesto de los dineros del erario. Con razón subieron los impuestos para terminar de esquilmar a las clases medias y bajas. La canasta básica está por los cielos, a las personas ya nos les alcanzan los salarios de hambre, mientras los personajes anotados siguen en el poder confabulando para prostituir la preciada Constitución Política de la República de Guatemala.
Los guatemaltecos tienen el poder de desconocer cualquier cambio que se le haga a la Constitución sin que se le haya consultado con honestidad, eficiencia y eficacia. El mismo pueblo puede, incluso, desconocer a los congresistas y al mismo presidente de la República si estuvieran involucrados en acciones ilegales e inmorales que riñan con los intereses de la República de Guatemala y de sus habitantes y por la certeza y eficacia de sus sistemas de justicia.
El pueblo de Guatemala es el soberano, no así el Presidente, sus ministros, los diputados o jueces y magistrados. A éstos es el pueblo el que delega en ellos la soberanía y el poder. Pero no un poder omnímodo, es decir que no se les da un poder absoluto, integral, total o todopoderoso. El poder que se les otorga es limitado y es el pueblo el otorgante; así también el pueblo puede retirárselos.
La población guatemalteca NO DEBE PERMITIR QUE MANGONEEN LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE GUATEMALA. La trampa viene adornada con promesas de mejoras sociales. Ya conocemos las promesas de Otto Pérez y de Roxana Baldetti. Han sido mentiras que redundan en engaño. No permitamos la reiteración del saqueo de lo que aún queda de los recursos de Guatemala. No permitamos que manoseen la Constitución Política de Guatemala.
Ojo, después de las fiestas de fin de año.