Kazajistán desarrolla colosal proyecto petrolero


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Las islas artificiales donde se ubica el colosal proyecto petrolífero de Kashagan, en Kazajistán, se erige como un espejismo perceptible desde las embarcaciones que recorren las aguas poco profundas del Mar Caspio. Crearlas ha sido una labor titánica, pero la verdadera prueba está por venir, mientras persiste la incertidumbre sobre cuándo se podrá extraer el primer barril de petróleo. Se espera que eso ocurra en algún momento del próximo año.

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Por PETER LEONARD YACIMIENTO PETROLERO KASHAGAN / Agencia AP

En 2000, cuando topógrafos confirmaron que Kazajistán contaba con una nueva reserva petrolera supergigante, las empresas energéticas del mundo reaccionaron con júbilo. Fue el tipo que hallazgo que ya no parecía posible, nada así de enorme se había visto en cuatro décadas.

El presidente kazajo Nursultan Nazarbayev calificó al yacimiento como la gran esperanza para el futuro de su nación centro-asiática en ciernes. Se cree que el yacimiento contiene hasta 13.000 millones de barriles de petróleo recuperable.

Sin embargo, han sido un desafío las obras en un sitio marítimo remoto, de más de 3.000 kilómetros cuadrados y plagado por climas que van de lo abrasador a lo glacial. Esta parte norte del Caspio, que está rodeado de tierra, tiene muy poca profundidad en comparación con la mayoría de otros proyectos energéticos en costas.

Así, se vuelve un problema el transporte de equipo pesado porque no pueden utilizarse buques de gran calado.

El frágil ecosistema del área también es el sitio donde desova el esturión que está en peligro. Es además hábitat donde nace la rara foca del Caspio y lugar migratorio de numerosas aves.

Los retrasos en el proyecto Kashagan también han tensado las relaciones entre las petroleras que lo desarrollan —de Italia, Holanda, Francia, Estados Unidos y Japón— y el gobierno de Kazajistán.

Kazajistán, una nación predominantemente musulmana, es fronteriza con Rusia y China, y obtuvo su independencia en 1991 después del colapso de la Unión Soviética. Se trata de una nación esteparia poco poblada, con 16,5 millones de personas, que se ha enriquecido con varios proyectos petrolíferos importantes y otras reservas minerales sustanciales. Sin embargo, muchos habitantes se quejan de que las riquezas del país están mal distribuidas.

EN LAS ISLAS
Lejos de la política, los técnicos en la isla central de Kashagan —dos largos y estrechos laberintos de pozos y módulos de procesamiento conectados por un puente para formar lo que se conoce como la isla D— destilan orgullo por lo que han alcanzado.

«En 2004, cuando comenzamos, la isla sólo era una pequeña caja», dijo Giancarlo Ruiu, administrador del proyecto costero en Agip KCO, una subsidiaria de la petrolera italiana ENI, que ha encabezado los trabajos en Kashagan. Otras empresas en el consorcio son Shell, ExxonMobil, Total, ConocoPhillips, Inpex y la petrolea estatal kazaja KazMunaiGaz.

Las rocas y arena necesarias para construir la isla D y sus cuatro islotes satélites fueron transportadas laboriosamente desde el alguna vez vibrante puerto pesquero de Bautino, a 350 kilómetros (217 millas) al sur.

Pero cuando el viento empuja hacia el sur las aguas verde lima del Caspio, inclina en efecto el mar entero a niveles por debajo de la navegación. En esas condiciones, el viaje en bote de 18 horas puede volverse imposible, lo que obliga a los trabajadores a depender de helicópteros. En el invierno, se envían rompehielos a despejar los caminos para hacer un agobiante viaje de 36 horas.

Para proteger la isla D de destructivos hielos a la deriva, tuvo que erigirse un aro defensivo.

«Uno ocasionalmente tiene condiciones muy inusuales, donde… el agua de hielo semi-derretido se vuelve como un lubricante. Y cuando uno tiene un aumento de hielo, este puede moverse muy rápidamente», explicó Robert Dunkley, jefe de información y diseño en Agip KCO.

El equipo de construcción utilizó un sistema computarizado para colocar cuidadosamente toneladas de material utilizando técnicas de construcción similares a las creadas para crear las islas de Dubái que tienen forma de palmera.

«Solemos decir que sólo arrojamos rocas», indicó Ruiu, pero «cada colocación de roca se hizo con control satelital GPS» para calcular profundidad y ubicación.

En total unas 200.000 toneladas de concreto, suficientes para llenar 50 piscinas olímpicas y 600.000 camiones de carga con rocas, se utilizaron para crear la isla D.

La isla es ahora un denso bosque de barcazas que albergan instalaciones como equipo de inyección de gas y generadores de emergencia provenientes de Noruega, Italia y Dubái.

En paralelo a la construcción, se colocaron 12 pozos en la isla D para comenzar a golpetear en las reservas altamente presurizadas de petróleo sulfuroso, localizadas a 4.200 metros (13.780 pies) bajo el lecho marítimo. Otros ocho pozos están listos para ser llevados a la isla A, de menor tamaño, mientras siguen las perforaciones para completar 20 pozos más en las otras tres islas para finales de 2016.

Mientras, miles de obreros en trajes anaranjados trabajan en las islas y duermen en bloques de departamentos flotantes en turnos que duran meses. En algún momento del año entrante, la mano de obra en la isla D se reducirá a 240 personas y las operaciones costeras, en su mayor parte automatizadas, se controlarán desde un cuarto de mando con tecnología de punta.

ERA UNA APUESTA
Cuando una prueba de crudo en Kashagan se descubrió en el año 2000, los precios por barril rondaban los 30 dólares. Esto permitió una fuerte inversión en un problemático proyecto energético que parecía riesgoso pero también podría mantener los costos abajo.

El precio del petróleo se triplicó en la década. Sin embargo, esto también disparó el costo del demandante trabajo de construcción, equipo y materiales.

Más de 30.000 millones de dólares se han invertido hasta ahora en el proyecto Kashagan, mucho más que su estimado original de 10.000 millones. La cuenta final del desarrollo de la fase uno podría bien superar los 45.000 millones de dólares. Esa cifra podría inflarse aún más con la perforación en la fase dos en otras áreas del yacimiento.

«No será rentable para las empresas hasta que lleguemos a la fase dos», dijo Andrew Neff, analista de la firma IHS Energy, en Moscú. «Se supone que la fase dos estará para 2018-2019 y no ha habido ningún progreso en los últimos dos años hasta donde estoy enterado».

Kazajistán se ha irritado por el frecuente aplazamiento del primer yacimiento, que estrategas demasiado optimistas esperaban comenzara en 2005.

Kashagan opera bajo un acuerdo compartido de producción donde las compañías internacionales pagan por los costos de exploración y desarrollo. Los ingresos son compartidos entre inversionistas y el gobierno a escala proporcional.

Ahora que Kazajistán se está volviendo más rica en petróleo por otros yacimientos negocia desde una posición de fuerza y ha buscado adaptar el acuerdo hacia términos más favorables. El gobierno está ansioso de recibir pagos sobre derechos petroleros y la estatal KazMunaiGaz quiere una parte de las ganancias como dueña del 16,85%.

Aunque directivos de KazMunaiGaz calcularon hace años que el petróleo del Caspio incrementaría la producción anual del país hasta 180 millones de toneladas para 2015, ahora las autoridades calculan que podría ser de 90 millones de toneladas, equivalentes a 370.000 barriles de crudo al día.

“Uno ocasionalmente tiene condiciones muy inusuales, donde… el agua de hielo semi-derretido se vuelve como un lubricante. Y cuando uno tiene un aumento de hielo, este puede moverse muy rápidamente.”
Robert Dunkley
Jefe de información y diseño en Agip KCO