Pagando facturas


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En otros tiempos, cuando los ciudadanos eran honrados y existía la simple confianza como el mejor contrato que ataba a deudor y acreedor indisolublemente para pagar el adeudo, uno podía adquirir bienes o servicios con solo la palabra o un apretón de manos; sin tarjetas de crédito o contratos ante notario público.

Mi abuelo tenía un almacén en Antigua y me encantaba  –desde los 10 años–, ser un empleado más que atendía a la clientela, y allí aprendí cómo esos clientes en algunos casos solo decían “me lo apunta, por favor, Don Chepe” o bien con un apretón de manos le decían “a fin de mes le pago”.

Héctor Luna Troccoli


 Se llevaban la mercadería y en el momento pactado pagaban su deuda, sin necesidad de que el acreedor anduviera taloneándolos como ocurre ahora, incluso con amenazas y patanerías de supuestas agencias de cobro que se mantienen ocultas y donde entidades de diferente tipo les “encargan” cobrar deudas muchas veces inexistentes como el caso del City Bank con el que afortunadamente, jamás tuve nada que ver, incluso mandarlos al chorizo cuando a ph querían que aceptara sus “tarjetas de crédito”.

  Pues bien, las cosas para la compraventa en el mercado local han cambiado mucho. Solamente en algunas tiendas de barrio la palabra tiene valor para comprar y vender; aunque ahora hablo de los últimos 54 o 60 años, ha surgido un nuevo mercado: el de la política. Allí los negocios son distintos, puede ser que exista la simple palabra o el apretón de manos para sellar compromisos, pero todos son espurios, sucios, abominables, vergonzosos, porque las deudas se pagan con favores que salen del erario nacional o con leyes dirigidas a favorecer a los que son acreedores.

 Y es que aquí, para ser presidente o formar un partido político se requieren al menos entre Q10.0 o Q.200.0 millones de dólares que “aportan” generosos contribuyentes. Eso no viene de ahora, pero sí admira la rapidez con que el actual gobierno está pagando facturas.

 Veamos algunos ejemplos. Se le han pagado millones al Ejército y expatrulleros porque el mandatario es militar y sabe que sus aliados naturales –con armas en mano– son sus compañeros.

 Pero existen los acreedores ancestrales, los millonarios del país, los financistas, los que lucran con el pisto del pueblo haciéndoles favores a los que tienen posibilidades de llegar a la Guayaba y después pasar la factura.

   El primer caso fue el de millonarias compras de medicinas que primero, por encontrar anomalías el propio Ministro de Finanzas, anuló unos contratos, pero después de un jalón de orejas de alguien, nuevamente cobraron vida los contratos y las compras siguen campantes. Con los fertilizantes –el ministro de Agricultura ¿sabrá dónde está? ¿O se mantiene en mi apellido?–, surgieron una serie de situaciones anómalas en los procedimientos de compra, pero al final se ordenó a quién debían de adjudicarse las compras; el ministerio de Cultura, de Desarrollo Social, de Comunicaciones  particularmente reparando carreteras ya no con el tradicional asfalto con CEMENTO de calidad de la fábrica NOVELLA a quien todos conocemos al menos por los anuncios de sus productos como el infaltable y exclusivo Mixto Listo, o bien, ordenar al Congreso que pague a las radios y televisoras que ayudaron en campaña prorrogándoles su usufructo gratuito por  20 años, que según decía Gardel no eran nada; o PROTEGIENDO financieramente y con la fuerza a las pobrecitas mineras o bien dándoles más privilegios a las empresas de telecomunicaciones, etcétera, etcétera, etcétera.

  Han cambiado las cosas. Los negocios de antes eran basados en la calidad de los principios de compradores y vendedores, ahora los negocios políticos están basados en la mentira, el robo, el engaño y el uso del poder para hacer de un país hermoso, una canasta de desigualdades y desvergüenzas.