Vivir los derechos humanos


Jorge_MARIO_Andrino

En el día que se celebra el reconocimiento internacional de los derechos humanos se recomienda hacer un análisis crítico hacia adentro de cada persona, en el afán de identificar si cada quien en realidad vive sus derechos, o solamente los menciona como un ideal, una expectativa, una mentira o un deseo.

Jorge Mario Andrino Grotewold


Los derechos humanos y su reconocimiento tienen una larga historia de sufrimiento y angustia, especialmente por el ejercicio despótico del poder, tanto público como privado, que durante siglos obligó a esclavos y súbditos a agachar la cabeza y sucumbir ante la fuerza ejercida por gobernantes y los representantes del Estado. Derivado de ello, las masas populares y líderes de gran estirpe y de todas las clases sociales, reclamaron un reconocimiento de los derechos mínimos de cada persona y su pueblo.  Además de grandes luchas, también han existido grandes logros y victorias.

 En épocas más modernas, el ejercicio del poder público y las influencias de los factores externos a ese poder, también han hecho su labor de supresión a ese reconocimiento, especialmente en cuanto a tiranías y la vulneración de los ejercicios democráticos. Ya existen derechos reconocidos, plasmados en instrumentos internacionales y en legislaciones internas, pero aun así, las situaciones de derechos humanos parecieron no avanzar con la propiedad necesaria; la lucha entonces continúa, pero con un leve cambio: nuevos enemigos o detractores saltan a la palestra, anunciando abusos y exigiendo que no hayan libertades tan desarrolladas, escondiendo verdades y negociando aspectos mínimos, con la supuesta bandera del conservadurismo.

En la época contemporánea, los derechos humanos han pasado de un modelo de desarrollo individual a uno colectivo, con la esperanza de que las personas logren alcanzar un estado de bienestar ante las circunstancias económicas, sociales y culturales de las naciones.  Esta época se caracteriza por mantener a esos detractores o enemigos, que se niegan a colaborar con ese objetivo mínimo de garantizar la dignidad de las personas, y suponen una responsabilidad individual y no del Estado en la situación de las personas. No existe una comprensión integral, sino una visual limitada del modelo de persona, país y mundo que tenemos.   No viven los derechos humanos.

Alcanzar ideales, tener metas y sueños, y gozar de los derechos mínimos a la vida, la integridad, la dignidad,  implica que en toda actuación que hacemos logramos plasmar nuestra voluntad, pensamiento y acción a favor de las demás personas, sin importar su condición. Eso es vivir los derechos humanos en cada faceta de nuestras vidas, laboral, profesional, familiar, personal, son todas lo mismo, una circunstancia propia del ser humano y de lo que la naturaleza y Dios nos concedieron.

La distancia es grande, cuando pensamos en las condiciones en las que viven muchas personas alrededor del mundo, sin agua, sin salud, sin educación, y en los casos terribles de guerras y violencia, sin vida o seguridad para sus familias. Pero el inicio está ya sentado y si todos y todas alcanzamos a quitarnos esa visión limitada y logramos admirar el horizonte de lo que significan los derechos humanos, entonces sabremos lo que significa vivirlos y no solo hablar de ellos.