Las becas


Ren-Arturo-Villegas-Lara

Guardo un recorte de El Imparcial, de octubre de 1952, en el que se anunciaba que el gobierno de la República, presidido por el coronel Jacobo Árbenz Guzmán, otorgaría 745 becas sólo para estudiar magisterio, aparte otras más para distintas especialidades de la secundaria, siendo Ministro de Educación don Mardoqueo García Asturias. Y lo guardo porque en noviembre de ese año, mi madre me llevó a Cuilapa, para someterme al examen de opción a una beca.

René Arturo Villegas Lara


Recuerdo que en el test había una pregunta sobre el establecimiento en que uno deseaba estudiar. Yo respondí que en la Escuela Normal Central, la de Pamplona, y para allí me otorgó la beca el segundo gobierno de la Revolución de Octubre. Yo tuve, pues, la oportunidad de estudiar gracias al coronel Árbenz, que el año próximo, 2013, cumplirá 100 años de haber venido al mundo, en la ciudad de Quetzaltenango.
 
El ciudadano Presidente, coronel Árbenz, continuó la labor social del Presidente Arévalo, desarrollando muchos programas en bien de la educación de los guatemaltecos. En la Escuela Normal Central, nosotros teníamos de todo. Quiero referirme especialmente a la música. Si usted quería aprender a tocar marimba, contrabajo, saxofón, mandolina, guitarra, violín, piano o batería, en la Normal había todo eso y los maestros que enseñaban a ejecutarlos: Don Pastor Gabriel Mencos, el director y propietario de la Niña de Guatemala,  don Enrique Morales, graduado en el Conservatorio Nacional, alumno de don Rafael Álvarez, el autor de la música del Himno Nacional y don Antonio Vidal, profesor normalista y del Conservatorio, enseñando solfeo, piano y dirigiendo el Coro Internormal. En 1951 o 1952, el coronel Árbenz, ya Presidente, obsequió a los normalistas una hermosa marimba que fabricó don Rosendo Barrios, en el Barrio de Gerona,  y durante muchos años la dirigió Pastor y deleitó con sus interpretaciones, incluso actuando en la TGW. Los normalistas, pues, éramos jóvenes mimados del Presidente demócrata, coronel Jacobo Árbenz. Y gracias a esas acertadas medidas de un buen gobierno, como no se han repetido después de la tragedia, yo tuve el privilegio de aprender a tocar marimba, un poco de piano, algunos puntos de guitarra y a trinar la mandolina, que fue mi especialidad en la rondalla y la concertina de la Escuela Normal, dirigida por don Quique Morales. Un día de estos fuimos con mi esposa al Mercado Central, a comprar unos adornos de Navidad y yo aproveché para obtener algunos aditamentos para mi marimba: baquetas, tela para los cajones, que en realidad se saca de la membrana que cubre el estómago del  coche, y unas cuantas clavijas. Al salir a la calle, pasé por un almacén en donde exhiben violines para la venta. Entonces me recordé que también traté de aprender a tocar violín, y que de la concertina me permitían llevar el instrumento al dormitorio. Después del almuerzo, cuando los compañeros se disponían a la siesta, yo sacaba el violín y trataba de aprender a trinarlo, lo demás se vendría de rodada. En el extremo del largo dormitorio, alguien no podía cerrar párpados por el ruido  y me gritaba con angustia:

                “Denle pisto a ese ciego para que se calle…”