La antigua música mozárabe en la Península Ibérica


celso

Como lo hemos apuntado en las columnas anteriores, la música mozárabe tuvo una influencia decisiva en la formación de la música española antigua y que se remonta hasta nuestros días. Ello es una prueba de la multiculturalidad que existió entre los distintos pueblos de España que paso a paso se cristalizaron y llegaron a constituir la más maravillosa manifestacion de música reencontrada y vuelta a poner en vigencia.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela


Estos apuntes sirven como homenaje a Casiopea que su sonoridad de dimensiones cósmicas es eco de esposa sublime y exquisita quien radiante de sol ha cegado mis pupilas; quien es viva primavera que pasa como innumerable aroma recogiendo mi esperanza, mi ilusión apresurada y mis ansias de tenerla en plenilunios infinitos.
   
Por otra parte, bien entrado el siglo XI, se produce en España una gran efervescencia.  Distante como queda de Roma, hay en esta ciudad quien moteja a los españoles de cismáticos y hasta de heréticos, máxime cuando nada menos que el arzobispo toledano Elipando incurre en el error adopcionista semejante al de Arrio, existente hacía ya siglos en Toledo. 

Con ello, el rito nacional se vuelve sospechoso. Se le condena, aunque más tarde se le absuelve.  Pero de la calumnia algo perdura.
   
En la crítica situación de toda la Iglesia, dividida por cismas, roída de vicios y de abusos en el mismo santuario, un Papa lombardo, Gregorio VII, bravo como un león, ardiente como un ascua, emprende una valiente campaña por la unidad y la virtud.

En consecuencia, ordena la supresión radical del viejo rito mozárabe. Sabe que cuenta para ello con la voluntaria colaboración de los reyes de Aragón, de Castilla y de León. Al fin, tras larga y enconada lucha con el clero y el pueblo, va consiguiendo su propósito paulatinamente y por regiones. 

En León llega a proscribirse la misma escritura visigoda, sustituyéndola por la galicana, menos airosa y más confusa.

Sin embargo, la protesta de las gentes sencillas por tales cambios nunca derivó en revolución sangrienta, porque, sobre todas las cosas y circunstancias, predominaba la fe y el respeto a la autoridad regia y pontificia. 

Ante la prueba de fuego, que respeta los libros santos y el duelo singular en Burgos, en el que vence el campeón castellano al galicano, el pueblo, contrariado, murmura: allá van leyes do quieren reyes.  Pero se resigna y obedece.

El rito, obra tan preciada de aquellos grandes Doctores y Padres visigodos, muchos con aureola de santidad, quedaba proscrito, si bien no totalmente eliminado, ya que, por gracia singular, se consintió en que perdurase en seis iglesias de Toledo, pobres parroquias de barrio, carentes de personal apto y de recursos económicos.

Como lógico y previsible resultado, el rito llevó una lánguida existencia, con frecuentes interrupciones, que desembocaron al fin en su casi total extinción.  Más de uno iría a la caza y quema de misales, antifonarios y rituales. 

De otra forma, no se concibe que habiendo en cada lugar algunos libros para Misa y Oficios, apenas queden de ellos dos docenas, guardados hoy con cariño en archivos y bibliotecas.  Aunque lo ocurrido en España pasó antes con los libros francos similares, toda la liturgia hispana puede recomponerse, en tanto que de la galicana no queda sino algún que otro retazo. Finalmente, la música antigua española con el esfuerzo de sus músicos y abades logra ensamblar más de 800 años de historia y al unir melismas, contracantos y distintas estructuras musicales en una sola melodía cuyo fin fue siempre alabar a Cristo, santos y sus distintas advocaciones. España es digno ejemplo de tolerancia.