En las ajetreadas oficinas encargadas del control de inundaciones de Nueva Orleáns escasea el personal y se vive un ambiente de intranquilidad sobre lo que está por venir. Para cuando se inicie la próxima temporada de huracanes en junio de 2013, la ciudad habrá tomado el control de gran parte de un reforzado sistema de protección de compuertas, muros y diques blindados en cuya construcción el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos ha invertido cerca de 12 mil millones de dólares. La agencia aún debe culminar trabajos valuados en aproximadamente 1 mil millones de dólares.
Los ingenieros lo consideran un Rolls Royce de la protección contra inundaciones, comparable a los sistemas en las ciudades costeras europeas como San Petersburgo, Venecia, Rotterdam y Amsterdam. Que la infraestructura pueda resistir no genera tantas dudas. Lo que no está del todo claro es si a Nueva Orleáns se le pueden confiar las llaves.
El Cuerpo del Ingenieros de Ejército calcula que se necesitarán 38 millones de dólares al año para pagar los costos del cuidado, mantenimiento y operación del sistema una vez que sea entregado a funcionarios municipales.
Robert Turner, jefe de control de inundaciones de Nueva Orleáns, dijo tener dudas sobre la procedencia del dinero. A los niveles actuales de fondos, la región se quedará sin dinero para operar adecuadamente el potente sistema en una década a menos que se encuentre una nueva fuente de ingresos.
«Ese es el precio a pagar por semejante sistema», dijo el ingeniero de diques desde su oficina en la Autoridad de Protección contra Inundaciones en el Sureste de Luisiana-Este (SLFPA-East, por sus siglas en inglés). «No podemos dejar que piezas de este sistema se extingan. No podemos asumir una postura provinciana al respecto».
El 6 de noviembre, los electores de Nueva Orleáns se enfrentaron a uno de sus primeros desafíos sobre protección de inundaciones cuando se sometió a votación un crucial impuesto para los diques. La imposición del gravamen fue aprobada, con lo que millones de dólares deberán estar disponibles anualmente para el mantenimiento de los diques.
Bob Bea, un ingeniero civil de la Universidad de California, dijo que región debe hallar dinero adicional para mantener al sistema funcionando correctamente.
«Si uno trata de operarlo y mantenerlo bajo un presupuesto limitado, entonces no ofrecerá la protección que la gente merece».
Muchos habitantes siguen preocupados, pese a que la agencia de Turner es un reemplazo bien recibido de los comités municipales de diques que previamente han sido objeto de burlas.
«Da miedo», dijo C. Ray Bergeron, dueño de Fleur De Lis Car Care, una estación de servicio automotriz en el vecindario Lakeview donde el agua llegó hasta los techos de las viviendas tras el colapso de los diques durante el huracán Katrina en agosto de 2005. Antes de Katrina, Bergeron dijo que los comités municipales para los diques eran condescendientes.
«Les decían a todos que todo estaba bien, ‘oh sí, está bien. Vamos a beber martinis y a comer»’.
Después de Katrina, esos comités administrados por el gobierno municipal que supervisaron las defensas fueron vilipendiados y rápidamente reemplazados por el distrito regional de diques dirigido por Turner.
Las investigaciones del Congreso determinaron que el viejo Consejo de Diques de Orleáns estaba más interesado en administrar una licencia de casino y dos puertos deportivos que en supervisar los diques. Pese a que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos era responsable de las inspecciones anuales de los diques, los comités municipales de diques eran responsables de su mantenimiento. Aun así, los comités gastaron millones de dólares en una fuente y pasos elevados en lugar de la protección de los diques. Y hubo una confusión sobre quién era el responsable de un sistema fragmentado de dique, revelaron las investigaciones del Senado de Estados Unidos.
Aun así, los expertos generalmente coinciden en que las fallas del viejo comité de diques no fueron lo que causó el colapso de los diques durante Katrina. El deficiente diseño de los diques realizado por el Cuerpo de Ingenieros y la potencia de Katrina recibieron gran parte de la culpa.
Desde la Ley de Control de Inundaciones de 1936, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército ha asignado a las autoridades municipales o estatales la vigilancia de proyectos de control de aguas, ya sean diques de barro en la región centro-norte del país o muros en las playas de Nueva Inglaterra.
«Ese ha sido el eterno problema con los sistemas de protección contra las inundaciones», dijo Thomas Wolff, un ingeniero de la Universidad Estatal de Michigan. «Uno construye algo muy bueno y luego se lo entrega a los intereses municipales que no tienen tantos fondos».
Nueva Orleáns es un caso inusual porque el área hereda el mejor control urbano contra inundaciones del país.
«Hemos entregado un sistema muy costoso a un lugar que quizá no podrá solventarlo a largo plazo», dijo Leonard Shabman, un experto de recursos hidráulicos en Arlington, Virginia. El permitir que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército lo administre tampoco es una gran solución, agregó.
«No es como si el presupuesto del Cuerpo sea abundante».
La nación ha gastado profusamente en arreglar el sistema en los siete años desde que Katrina inundó el 80% de Nueva Orleáns y causó la muerte de 1 mil 800 personas.