El amor del Presidente


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Posiblemente el título de esta columna provoque malos pensamientos en numerosos guatemaltecos que piensan que me voy a referir a alguna situación personal y sentimental romántica del presidente de la república, general Otto Pérez. Pero no es así, ya que aunque muchos piensan que un funcionario público por el hecho de serlo deja de tener vida privada y puede ser expuesto a la picota pública, en lo personal pienso que debe mantenerse, siempre, una distancia entre su actuación pública y su actividad privada.

Héctor Luna Troccoli


Con esta aclaración entro a referirme a  una declaración hecha hace varios meses del presidente Otto Pérez Molina, quien indicaba que los dos factores determinantes en su vida eran su señora madre (lo cual es lógico y comprensible) y el Ejército en el cual se había formado, lo que, al menos en el gremio militar también es lógico, por cuanto es totalmente distinto el compañerismo y la unión que mantienen los uniformados entre sí, tanto en cosas buenas o terriblemente malas, en tanto los civiles que nos agrupamos, unos en colegios profesionales, otros en asociaciones, coordinadoras, grupos, etcétera, no guardamos esa homogeneidad y por lo general siempre se busca meter zancadillas. Incluso en el CACIF, que se parece mucho al Ejército.
 Viene esto a colación porque el general Pérez Molina ha demostrado con creces su amor a la institución armada al transferirle bienes, en tan solo tres meses de su mandato, subvaluados por la Dirección de Catastro por valor de Q.252.1 millones, sin contar el Bono 14 otorgado a los miembros de la institución castrense y el posible  aumento al salario, aparentemente solo de los soldados, lo que a mi entender está bien si hay fondos disponibles, más la adquisición de otros bienes, como los aviones y el equipo de radar comprados a Brasil por más de 200 millones de dólares que dicen se utilizarán para combatir al narcotráfico, lo cual espero así sea y que toda esa inversión no termine en 10 años como depósito de chatarra, como aconteció con otros equipos militares (los Aravá por ejemplo), que pudieron haber prestado un excelente servicio tanto a civiles como militares.
  Y la cosa no estaría mal, pese a  que la historia no es benigna ni con militares y Ejército, si Guatemala no  fuera un país de tantas carencias y que creo que algunos de esos bienes pudieran haber sido dirigidos a fortalecer aspectos relacionados con la salud, educación y seguridad ciudadana, máxime que a la institución a la que fueron traspasados, el Instituto de Previsión Militar, dirigido por un hombre de confianza del mandatario, tuvo serios problemas legales en la pérdida de dinero de sus contribuyentes (los militares) y el Estado, sin que parte de esa plata haya sido recuperada, ni los responsables castigados.
A nadie escapan las constantes críticas por la mala atención en el área de salud pública, sin medicinas, ni personal; en educación con escuelas semidestruidas y sin enseres, o en seguridad, con deficiente equipamiento con armas NO letales para disolver manifestaciones como he visto lo hace la guardia civil chilena, la construcción de al menos tres cárceles de máxima seguridad en Petén, Quetzaltenango e Izabal solo para citar unos ejemplos.
    Fuera de las percepciones que cada quien pueda tener del Ejército no se debe olvidar que es una institución del Estado, creada y estructurada constitucionalmente por lo que como tal, está llamado a cumplir las funciones que la misma Carta Magna le asigna, lo único que discrepo es que tengamos un presidente militar democráticamente electo en los más de 40 años y se incline hacia los sectores de su simpatía como el Ejército y el  sector privado poderoso, incluyendo las mineras, olvidándose que también la Constitución dice que representa la UNIDAD NACIONAL.