“A la naturaleza se le domina, obedeciéndole”. Francis Bacon.
Ese miércoles 7 de noviembre de 2012 me arrastró hacia mi pasado. Escucho las noticias y se habla del terremoto. Y prontamente mi memoria se activó al 4 de febrero del 76 cuando el gran terremoto se llevó a 25 mil guatemaltecos y destruyó el país.
Pensé de inmediato en los marquenses que sufrían esos segundos inenarrables. Esos segundos que nos dejan sin preguntas, porque no hay tiempo de respuestas. Cuando se mueve la tierra y todo se va al suelo, incluso los seres humanos, no hay espacio para pensar.
Pero, al mismo tiempo recordé cómo en el gran terremoto del 76 Guatemala se levantó de las ruinas, del dolor, de la muerte, de la orfandad, de la invalidez. Los guatemaltecos luchamos aquella vez para volver del dolor, y así se hizo. Y se logró.
Tengo la certeza que los marquenses están luchando en estas horas aciagas por su derecho a volver a vivir, y no sólo sobrevivir. Luchan brazo a brazo, codo a codo, para encontrarse con sus mejores momentos y dejar atrás esa angustia.
Así fue en el 76. Se luchó contra aquellas angustiantes horas del dolor humano por la pérdida del ser querido y se luchó para encontrar el espacio para volver a la vida cotidiana. Porque el guatemalteco es así. Luchador, batallador, incansable, listo a dar el paso que no quería dar. A estar siempre junto a la familia, al vecino, a la sociedad. ¡SAN MARCOS, NO ESTÁN SOLOS, ESTAMOS CON USTEDES! Tengo la certeza, y no creo equivocarme, que en toda la geografía de la patria amada, cada guatemalteco ha elevado una oración para su fortaleza, amigos de San Marcos.
Cuántas historias hay sobre el ser humano que se ha encontrado en la lucha por ayudar al vecino. Los Bomberos Municipales Departamentales y los Voluntarios, el Ejército, vecinos, amigos, autoridades locales y nacionales, en abierta lucha contra la adversidad para que ustedes, amigos de San Marcos, puedan reincorporarse a la cotidianidad. El terremoto de este mes los ha colocado en una situación difícil, como nunca la habían pasado. Se están demoliendo las casas, construidas con años de esfuerzo y de sacrificio. Se perdieron los accesorios básicos de una casa familiar. Se perdieron las cosechas. Se perdieron las gallinas, y se perdió todo. Y sin embargo, hay que volver a la lucha y caminar hacia un nuevo futuro. Es muy difícil hablar del futuro, pero en este caso, tengan la certeza, amigos de San Marcos, que pese al dolor y al sufrimiento, ustedes están cerca y será reconfortante.
Que Dios los bendiga…. Y siempre recuerden a sus muertos.