Las cooperativas vascas son modelo para combatir crisis


inter20_1

En medio de una recesión que afecta profundamente a Europa y España, la región del País Vasco ha conseguido resistir el embate de la crisis gracias a su cultura cooperativista, dicen expertos consultados por “The Associated Press”.

Por JORGE GARMA BILBAO / Agencia AP

El desempleo en el País Vasco es del 12%, en comparación con la media española, que la semana pasada llegó a un impensable 25%. Un dato que, sin embargo, no sirve para ahuyentar la inquietud generalizada sobre el impacto de una crisis cuyo final no se vislumbra en el futuro cercano.

Las cooperativas empresariales son un fenómeno «muy particular» de esta comunidad autónoma española, dice Felipe Serrano, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco. Ninguna otra región española ha implementado con tanta fuerza este modelo, basado en la tradición vasca de «trabajo colectivo e industria asociativa», añade Javier Marcos, vocero de Mondragón.

Nadie mejor que el grupo empresarial Mondragón, nacido durante el franquismo pero cuya filosofía de participación y uso de «métodos democráticos», como la define su presidente, Txema Gisasola, para ejemplificar este fenómeno. Se trata de un modelo que no deja de generar un interés cada vez mayor en países como Alemania y Francia.

La génesis del grupo, ahora la séptima corporación empresarial de España con casi 85.000 trabajadores e ingresos de casi 15.000 millones de euros en 2011, no se puede explicar sin la figura del religioso vasco José María Arizmendiarreta (1915-1976).

«La democracia, una vez aceptada noblemente, conduce por sí misma a la disciplina, a la responsabilidad, al afianzamiento de la solidaridad, en definitiva a un auténtico progreso social», escribió el sacerdote.

Guiado por estos principios, que fueron defendidos en unas condiciones muy delicadas marcadas por la represión política de la dictadura y la pobreza derivada de la Guerra Civil, Arizmendiarreta puso en marcha en 1954 en la localidad guipuzcoana, que da nombre a todo el conglomerado, un pequeño taller industrial con cinco jóvenes.

Fue el origen de un proceso que hoy incluye a 111 cooperativas especializadas en los sectores industriales, financiero y de distribución, con creciente presencia internacional que incluye 94 filiales productivas, entre ellas siete en México, seis en Brasil, cuatro en Estados Unidos y otra en Colombia.

Si algo destaca en el modelo de Mondragón es la composición de su fuerza laboral. En el área industrial, la más importante por tradición y facturación, el porcentaje de empleados que son al mismo tiempo socios es del 82%.

El sector industrial incluye a las distintas divisiones de Fagor, la cooperativa más conocida del grupo. Especializada en electrodomésticos, Fagor es el quinto fabricante europeo del sector, con una cuota de mercado del 5,1%.

Para convertirse en socio de alguna cooperativa, el trabajador pasa primero por un período de prueba, y a continuación, si lo supera, debe aportar un capital cercano a los 15.000 euros. Esta doble condición de trabajador y propietario le permitirá más tarde participar en los beneficios y si, como sucede ahora, la coyuntura económica empeora, estar más protegido por la mayor igualdad de condiciones entre todos sus miembros.

Así, durante este año, los casi 9.000 socios que componen las divisiones de Fagor han decidido aplicarse rebajas de sueldo que van del 5 al 9% para evitar despidos. Las reubicaciones de trabajadores entre las cooperativas y la compensación de las pérdidas de una de ellas con los beneficios de otra forman parte también de la identidad del grupo.

«Tú haces un esfuerzo por la empresa y la empresa hace un esfuerzo por ti», dice Antxon López, director de innovación de DanobatGroup, una de las empresas del área industrial. En Mondragón no existe representación sindical; un Consejo Social hace esta función. No obstante, la solidaridad debe trabajarse. Los consensos requieren de «muchísimas horas de reunión, madurez y transparencia» y de un análisis profundo de todas las variables por parte de los socios trabajadores.

La vocación de sentido colectivo y de unión de sinergias en el sector industrial vasco se aprecia también en la fortaleza de los denominados ‘clusters’, que en 18 áreas estratégicos (automoción, medio ambiente, ciencias o energía, entre otros) integran las unidades de Innovación y Desarrollo de 140 empresas.

«El impacto potencial hace que los proveedores vascos no sólo aumenten su facturación, sino que además diversifican y abren nuevas líneas de negocio a escala mundial», dice Carlos Aguirre, consejero de Economía del gobierno vasco.

Con el mercado español estancado, la internacionalización permite aliviar la situación de muchas empresas vascas. «Los mejores datos de la economía se mantienen en el comercio exterior. Las exportaciones al resto del mundo siguen creciendo y en el segundo trimestre han subido un 2,2%», dijo Aguirre.

En ese sentido, y en momentos que el desempleo en Cataluña y Madrid alcanza alrededor del 20%, al País Vasco le va mejor, con el 12%, gracias a su menor dependencia del sector de la construcción y a una mayor apertura exterior.

Pero también hay problemas.

«Lo estamos pasando mal como consecuencia del parón en Europa y en España», dice el catedrático Felipe Serrano. Los aumentos porcentuales del desempleo han sido mayores en el País Vasco que en otras regiones en los últimos meses, pero Serrano no cree probable que alcance la media española.

Los desafíos del futuro pasarán también por el mantenimiento de los servicios públicos en una comunidad donde existe un proceso de envejecimiento «más intenso» que en otras comunidades y que, además «no ha podido compensarse con flujos migratorios suficientes», informa Serrano.

«Ciertamente la situación económica es compleja. Estamos en lo más profundo de la crisis y se retrasará la creación de empleo, pero se está revelando que la política que estamos siguiendo en el País Vasco es la correcta», dice Aguirre el consejero vasco.

Además, todo el entorno económico vasco es consciente de que el cese del terrorismo anunciado por la organización separatista vasca ETA hace un año librará a las empresas de la comunidad de estar asociadas a una posible connotación negativa.

¿Es el modelo cooperativista una de las posibles soluciones para combatir la crisis? En Mondragón están conscientes de que este ideario no se entiende de igual manera afuera, como perciben cuando se desarrolla una nueva filial productiva en el extranjero.
«Existen barreras culturales y también condicionantes legales y económicos. Pero no se trata de implantar el mismo modelo, sino de promover actitudes que están en él, como la participación en la toma de decisiones», dice Javier Marcos. «Al fin y al cabo, se trata de dejar todo esto en mejores condiciones de las que lo recibimos», concluye.