Sería un acto de traición al pueblo y a su juramento


Oscar-Clemente-Marroquin

La insensata tesis de aprobar las reformas constitucionales a la carrera, aprovechando la venalidad del Congreso para juntar los votos necesarios para obtener la mayoría calificada, tiene que reputarse como un acto de traición al pueblo y a la fidelidad que juraron tenerle a la Constitución Política de la República de Guatemala porque mediante sobornos se estaría dando un manotazo al orden constitucional. Ciertamente se guardan apariencias y se cumple el requisito formal de una aprobación por dos tercios del total de diputados, pero eso no significa que moralmente no estemos frente a un acto arbitrario, corrupto y violador de nuestra legalidad.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Mucho ha tolerado el pueblo de los manejos sucios en el Congreso y aunque haya visto cómo corre el dinero para la aprobación de leyes, seguramente que habrá una importante corriente de opinión que enfatizará en lo perverso de una maniobra que le significará una victoria pírrica al gobierno del general Pérez Molina, porque al final de cuentas lo que él y su gobierno pueden ganar con la reforma será nada en comparación con lo que pierde la institucionalidad democrática tan frágil en nuestro país.
 
 Lo que se ha perdonado hasta el día de hoy a nuestros diputados para que hagan micos y pericos a su antojo y puedan usar su representación como cheque en blanco para aumentar su capital económico, llegará a su fin el día en que actúen con tal descaro en contra de la Constitución. Y posiblemente no porque el grueso de la población se indigne y les reclame, pero sí porque habrá suficiente presión de variados grupos de opinión que harán despertar al pueblo para que salga de ese letargo que es el caldo de cultivo para que los políticos hagan lo que les da la gana.
 
 Es incomprensible esa tendencia a lo oscuro, al acto torcido y tenebroso, que tienen nuestros dirigentes, incapaces de actuar con claridad meridiana, con patriotismo y honestidad en el desempeño de sus funciones públicas. No hace falta ser genio para entender el gravísimo peligro que para la República significa ese precedente funesto que se marcaría con la aprobación mediante soborno de las reformas constitucionales porque se está marcando una ruta peligrosísima para el futuro del país, de la alternabilidad en el ejercicio del poder y la subsistencia de la democracia.
 
 El día de mañana el gobierno intentará, sin duda alguna, otro tipo de reformas para perpetuarse en el poder y habrá encontrado la ruta para hacerlo mediante sobornos a los diputados y planteamientos clientelares para engatusar a operadores políticos que puedan movilizar gente en la consulta popular. Los que hoy están apoyando ese procedimiento espurio de reforma constitucional tienen que saber que están labrando una picuda estaca en la que luego los van a sentar porque simplemente esto es una especie de laboratorio para probar el mecanismo para más adelante, cuando esté en juego asunto mucho más importante.
 
 Por fortuna parece haber un mínimo de lucidez y dignidad de algunos diputados de los que para otras cosas se han puesto de alfombra del oficialismo y eso podría detener la barrabasada que están impulsando desde Casa Presidencial con reuniones secretas dirigidas por la Vicepresidenta de la República. Si tan buenas son las reformas y tan convenientes resultan para el país, por qué no convencer a todos, diputados y ciudadanos, de esas bondades en vez de recurrir a la maña, al manotazo artero que hará para siempre espurias tales reformas y provocará divisiones terribles en el seno de la sociedad porque somos muchos los que nunca aceptaremos un golpe de ese tipo a nuestro orden constitucional.