Alguien dijo una vez que la peor de las violencias es la que no emplea armas de fuego. Hace poco vi desde mi vehículo como era abofeteada una esposa porque no podía lograr calmar el llanto del hijo menor. Ella débil e indefensa no podía evitar el violento ataque del fornido orangután y aunque la gente no le quitaba la vista de encima, nadie hizo nada en aplicación de aquella sentencia: “entre casados, enamorados y hermanos no hay que meter las manos”. Pero creo que hay algo peor todavía que la citada cobardía, la que sin usar armas de fuego algunos conductores de vehículos han dado en emplear en contra de sus congéneres.
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El pasado fin de semana un padre dispuso sacar a pasear a su familia a Panajachel, Sololá y cuando él, su esposa y sus tres hijos estaban a punto de llegar a su destino, uno de tantos irresponsables conductores de autobuses extraurbanos decidió, en plena competencia por pasaje, rebasar en plena curva. Bendito Dios que todos, menos uno, lograron salvar la vida. La perdió el padre, de quien dependía la familia y a quienes todos adoraban por su hombría de bien y paternidad responsable. Nada se dijo en los medios de comunicación pues algo que pasa mañana, tarde y noche, en los siete días de la semana dejó de ser noticia.
¡Insensibles! Nos hemos vuelto ante la violencia incontrolable que nos azota, hasta que nos afecta a nosotros, sin que las autoridades logren hacer cumplir nuestras leyes, castigando a los culpables, al menos deduciendo las responsabilidades civiles y económicas consecuentes. Los choferes y sus ayudantes ya encontraron la forma de quitarse de responsabilidades abandonando el lugar del siniestro y… aquí ¡paz y después gloria! Pero, no vaya a creerse que solo los ignorantes, mal educados y peor adiestrados conductores de vehículos de transporte colectivo son los mayores culpables de la violencia que nos azota, también son los acomodados conductores de SUV (por sus siglas en inglés: Sport Utility Vehicle) más conocidas como “camionetonas”, la mayoría de doble transmisión y picops de doble cabina, que practicando el acoso (bullying) se dejan ir encima de todo aquel vehículo de menor tamaño que les impida el libre transitar.
Si usted va delante de ellos acostumbran a encimarlo hasta obligarlo a hacerse a un lado y si yendo a la par a ellos les conviene ocupar el lugar por donde usted circula, hacen lo mismo, utilizando el tamaño mayor de su vehículo que lo fuerza a dejarlo pasar. Sí, es muy cierto, todo ello se debe a una mala educación o a malos hábitos enseñados en su hogar e incluso, a problemas mayores de orden psicológico, pero que al final de cuentas son actos violentos de impredecibles consecuencias. De ahí mi tanto insistir en la necesidad, porque nuestras autoridades apliquen la ley por parejo, sin distingos o excepciones.