La aspiración a la equidad es universal y pocas cosas indignan tanto a las personas como sentirse relegadas mientras otros disfrutan de sus propios beneficios. Y si dicho deseo es generalizado, lo es más o se esperaría más entre quienes son religiosos y siguen preceptos morales “justos”. Desafortunadamente, sin embargo, también dentro de las religiones hay irregularidades que no pueden sino disgustar a la feligresía que protesta y sufre marginación.
Es el caso, por ejemplo, de esas mujeres que en Israel han formado un grupo de protesta contra los judíos ortodoxos por la radicalidad de sus acciones al ignorarlas cuando de prácticas religiosas y litúrgicas se trata. Me refiero al movimiento que lleva por nombre “Women of the Wall”, una organización que exige cambios en el interior del judaísmo por considerar inequidad entre hombres y mujeres.
La misión del movimiento consiste, según su página de información en la red, en alcanzar social y legalmente el reconocimiento de sus derechos a usar el “tallit”, prenda religiosa del judaísmo en forma de poncho, tener en mano y leer la Torá, soplar el cuerno de carnero y ocupar un puesto tan importante como el que disponen los judíos varones.
La “halacha”, la ley judía, indica que “ninguna ceremonia se lleve a cabo en la sección de mujeres del Muro. Eso incluye la lectura de la Torá, el soplo del cuerno de carnero, el uso de mantos de oración. Los infractores deberán ser encarcelados durante siete años”.
Aunque la única lógica de ese tipo de normas consiste en privilegiar a los varones, hay quienes encuentran una explicación razonable a la injusticia. Es el caso del rabino ortodoxo del Muro, Shmuel Rabinowitz, quien precisa el origen de la práctica en 1967, cuando luego de la guerra se constató que las mujeres oraban menos que los hombres y que, por tanto, no necesitaban de un espacio muy grande para orar. “Es por eso que hoy disponen de un tercio del espacio”, explica.
“Creo que ha sido un error”, reconoce el rabino. No tanto como prohibirles el uso del “tallit” y la lectura en voz alta de la Torá, Rabinowitz dice que “no se le puede dar a todo mundo los mismos derechos”.
Los argumentos de los varones no han convencido a las mujeres quienes desde hace 22 años concurren al Muro de los Lamentos a orar en voz alta y en conjunto (aunque la tradición religiosa ortodoxa las obligue a hacerlo en silencio y de forma individual). Desde hace 18 años se organizaron y hoy la cabeza visible de “Women of the Wall” es Ana Hoffman.
Pero no ha sido fácil la ruptura contra lo establecido, la prensa ha informado que a menudo al hacer oración en los espacios prohibidos son menospreciadas, escupidas y apedreadas. Incluso algunas de ellas han sido encarceladas y amenazadas con años de prisión. Por lo que, como se ha dicho desde el inicio, no es fácil vivir en un mundo de inequidad y de marginación, especialmente cuando se trata del universo religioso que predica el amor, la justicia y la igualdad entre hombres y mujeres.