Antes de salir de vacaciones, mi amigo Atilio Lara me envió un correo relacionado con el tratamiento que le deben dispensar los maridos a sus mujeres original del escritor brasileño Luis Fernando Veríssimo, en el lejano 1936, pero sigue teniendo vigencia, aunque algunas feministas lo considerarán excesivamente machista.
Asevera el mensaje que el irrespeto hacia la naturaleza ha afectado la supervivencia de numerosos seres vivos, y entre los más amenazados se encuentra la hembra de la especie humana y sugiere que se tomen en consideración “mis pocos conocimientos sobre la fisiología de la feminidad, con el fin de que preservemos esos preciosos ejemplares”.
El primer ingrediente es su hábitat. La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, aunque sea con lujos, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que la aten, y si alguna no logra liberarse pierde su DNA. Usted jamás tendrá la posesión sobre una mujer; lo que la va atar a usted es una línea frágil que necesita ser reforzada diariamente.
El segundo elemento se refiere a la alimentación correcta. No me malinterprete de inmediato. Nadie vive de la brisa. La mujer vive de cariño. Dele en abundancia. Es cosa del marido y si ella no lo recibe de usted lo buscará en otro. Un besito en la mañana, tan pronto como despierte y un “yo te amo” a la hora del desayuno las mantienen bellas y perfumadas todo el día. Los abrazos son como el agua para los helechos. No deje que su mujer se deshidrate
Las flores. ¡Ah las flores! No deben faltar porque también forman parte del menú. La mujer que no recibe flores, sin importar que no sea una fecha especial, se marchita rápidamente y podría adquirir rasgos masculinos, como la brusquedad y el trato áspero. (Un paréntesis: yo tengo un amigo que aunque le lleve a su mujer un ramo de rosas diariamente, éste siempre es tratado como un vago o un bueno para nada, dicho sea con toda la ternura propia de una practicante de las artes marciales mixtas).
El brasileño agrega que se debe respetar la naturaleza de la mujer. Si usted no soporta la TPM, que no es otra cosa que la Tensión Pre Menstrual, usted, ignorante marido, debería haberse casado con otro hombre (Aunque ya es normal en otros países y en Guatemala muchos viven en unión de hecho). Las mujeres menstrúan y durante o previo a ese período lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue el día y otros asuntos aparentemente irrelevantes. Si usted aún es soltero, prepárese para lo que le espera.
Tampoco debe restringir su vanidad. Es propio de la mujer pintarse el cabello, las uñas, los labios y los cachetes; coleccionar aretes y zapatos; pasar horas enteras escogiendo ropa en un centro comercial. Compréndala y apóyela, aunque usted también termine el día extenuado.
Algunos esperpentos masculinos prefieren no creer en la existencia del cerebro femenino, y por ello buscan aquellas que fingen no tenerlo o que lo jubilaron. Si usted es uno de esos atrabiliarios sujetos, está totalmente equivocado. Algunas o muchas mujeres demuestran que tienen más materia gris que sus maridos. Es notorio. Además, si usted quiere ser un gran hombre tenga una mujer a su lado, nunca atrás. Ella tiene luz propia y no depende del hombre para brillar. El marido debe alimentar esos potenciales.
Ahora bien, si usted piensa que la mujer es demasiado costosa, exigente y complicada ¡vuélvase gay!
(El machista Romualdo Tishudo desoye esos consejos y afirma que al lado de un gran hombre hay una gran mujer, pero en medio hay una esposa que estorba).