Muchas veces los guatemaltecos nos quejamos de la falta de memoria de nuestro pueblo que por no recordar errores previos vuelve a cometerlos de manera reiterada, pero cuando uno ve lo que está pasando ahora en Estados Unidos, con un pueblo supuestamente más ilustrado y con acceso a formidables fuentes de información que en esta era cibernética están a la orden del día, se da cuenta de que la ignorancia también existe, y a raudales, en los países desarrollados porque lo que se ha perdido es la capacidad de raciocinio.
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No de otra manera se puede explicar que haya tanto elector en Estados Unidos pensando ahora que la solución a los problemas económicos de hoy es regresar a la política impulsada desde la Casa Blanca por la administración republicana de George Bush. Es incomprensible que sean tantos los que no se dan cuenta que hace cuatro años el mundo entró a la peor crisis económica tras la Gran Depresión y que, por supuesto, de una situación tan difícil no se puede salir de la noche a la mañana porque se conjugaron toda una serie de factores económicos y financieros que marcaron la debacle. Pero fundamentalmente hay que entender que fueron dos razones esenciales las que generaron la crisis, y fue el desequilibrio fiscal que rompió con el superávit que había alcanzado el país durante la gestión de Clinton, junto a la desregulación del sector bancario que permitió a los banqueros tomar decisiones tan arriesgadas que terminaron comprometiendo la salud de la economía en general.
Hace cuatro años los electores se dieron cuenta de lo que estaba pasando y de quiénes eran los responsables, por lo que los demócratas alcanzaron el poder, pero en esta ocasión el canto de sirena está engatusando a mucha gente que parece haber olvidado que la crisis no fue causada por la administración de Obama, quien es hoy, a ojos de muchos conservadores, el causante de todo el problema y de la crisis mundial.
Buena parte de ese comportamiento de la opinión pública es responsabilidad de la propaganda radical y obtusa del llamado Tea Party que es un movimiento tan radical como irracional en sus planteamientos, pero que se nutre de la ignorancia que, como digo, no es algo despreciable aún en una sociedad tan desarrollada tecnológicamente como la norteamericana. Y es que bastaría un poco de reflexión para tomar en cuenta los antecedentes de la crisis económica actual y por qué es que la economía mundial llegó a las condiciones lamentables que se siguen manifestando cuatro años más tarde por la terrible magnitud de la debacle.
Y es que no hay peor ciego que el que no quiere ver y es muy claro que existen grupos conservadores que anteponen el enfoque ideológico a la razón y que por lo tanto desprecian las evidencias, los hechos y comprometen el futuro porque pregonan una vuelta a ese pasado irresponsable de reducción de impuestos para los más ricos y de incremento de gastos en temas como el militar.
Tienen también su cuota de responsabilidad los demócratas que han sido incapaces de plantear con claridad el escenario actual haciendo énfasis en las causas del descalabro y el costo que, por supuesto, tenía que tener una recuperación tan difícil.
Quedan pocos días para determinar si los ciudadanos norteamericanos son mayoritariamente desmemoriados o si al final prevalece la razón, pero de todos modos es obvio que habrá una importante cuota de representación de ese conservadurismo a ultranza que no le atina al uso de la razón y que se dejan encampanar por la prédica ideológica.